La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) ha advertido de que los riesgos respiratorios no terminan cuando acaba un desastre natural. SEPAR ha pedido mantener las medidas de protección durante la recuperación.
Según la sociedad médica, el aire puede seguir cargado de partículas, polvo y moho tras finalizar la emergencia. Estos materiales proceden de edificios e infraestructuras dañadas y pueden dañar los pulmones.
El coordinador del área de Neumología Ambiental y Ocupacional de SEPAR, Javier de Miguel, ha explicado este fenómeno. «La inundación puede haber terminado, pero puede quedar humedad y aparecer moho», ha señalado.
También ha puesto otros ejemplos similares. «Un incendio puede estar extinguido, pero permanecer partículas en suspensión, y un terremoto puede haber pasado, pero la demolición y retirada de materiales puede generar grandes cantidades de polvo», ha añadido.
Una revisión reciente publicada en ‘European Respiratory Journal’ respalda estas advertencias. El estudio vincula los desastres naturales con más exacerbaciones de asma y hospitalizaciones por EPOC.
Los autores atribuyen parte de este impacto a contaminantes químicos, partículas y agentes biológicos presentes tras estos sucesos. El riesgo no se limita a quienes ya padecen enfermedades respiratorias previas.
Las personas que participan en tareas de limpieza o reconstrucción también pueden verse afectadas. La exposición prolongada a polvo y moho durante estas labores representa un riesgo adicional.
De Miguel ha advertido de que muchos trabajadores subestiman el peligro tras superar la fase crítica. «Es importante valorar la calidad del aire y utilizar las medidas de protección respiratoria adecuadas», ha recomendado.
Las personas con asma o EPOC resultan especialmente sensibles a estos contaminantes ambientales. Los organismos sanitarios internacionales recomiendan evitar espacios con moho y protegerse durante la limpieza tras inundaciones.
A este riesgo se suman las temperaturas extremas, según ha recordado la Organización Mundial de la Salud. Las olas de calor pueden agravar enfermedades respiratorias y favorecer episodios de contaminación atmosférica.
SEPAR reclama incluir la salud respiratoria en los planes de preparación y respuesta ante fenómenos extremos. Esto implica vigilar la calidad del aire y proteger a quienes trabajan en la recuperación.
De Miguel ha resumido esta idea con una reflexión final. «Reconstruir una zona afectada no significa únicamente recuperar viviendas, carreteras o servicios», ha explicado.
«También significa recuperar unas condiciones ambientales seguras para que las personas puedan volver a vivir y trabajar en ellas», ha concluido. Para SEPAR, anticiparse a estos riesgos debe ser parte esencial de la respuesta ante emergencias climáticas.