La crisis de vivienda en España no solo afecta al bolsillo de las familias, sino también a su salud. Así lo advierte la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), que considera que las dificultades para encontrar y mantener un hogar digno se han convertido en un problema de salud pública.
Los especialistas señalan que vivir con el miedo a perder la vivienda o destinar gran parte del sueldo al alquiler puede generar ansiedad, estrés y otros problemas de salud mental. Además, muchas familias se ven obligadas a recortar gastos esenciales, como la alimentación, la calefacción o los medicamentos, para poder pagar su hogar.
La organización también alerta de las consecuencias de vivir en viviendas con humedades, temperaturas inadecuadas o espacios demasiado pequeños, condiciones que pueden perjudicar tanto la salud física como la emocional.
A esta situación se suman la turistificación y la gentrificación, que pueden expulsar a los vecinos de sus barrios y debilitar sus relaciones sociales.
Ante este escenario, los epidemiólogos reclaman medidas que garanticen viviendas seguras, estables y asequibles. Insisten en que disponer de un hogar adecuado es fundamental para reducir las desigualdades y proteger el bienestar de toda la población.