La Universidad Pepe Goyo: la universidad garaje (II)

1 de mayo de 2026
8 minutos de lectura
El asedio de la titularidad y el crimen de Palmeo
“La injusticia, aunque se vista de seda administrativa, no deja de ser un asalto; y el silencio de quien la ejecuta es el sello que garantiza su propia infamia”. Miguel de Unamuno

Ahí te encargo de palmar al profesor, le dijo Maliman a su mascota, y la mandadera, que además funge como su sexcretaria, se encargó de fraguar y ejecutar el maléfico plan. Aprovechándose de que el docente es multititulado, lo cambiaron de Facultad no por falta de competencia, sino para enviarlo estratégicamente a donde ellos mismos sabían que había menos matrícula. Esta maniobra es una violación flagrante de la ley, pues por su condición de profesor titular, la universidad está obligada a mantenerlo fijo en su carga horaria independientemente de la fluctuación del estudiantado. Inventar la falta de matrícula para quitarle el cargo es un fraude de ley, un acto nulo que busca patearlo sin el pago digno de sus diez años de servicio. Pero le valió madre a la muy estúpida la estabilidad del docente, porque ella es una simple servil de Maliman y no tiene criterio propio ni conoce lo que es la solidaridad gremial ni el respeto a la inamovilidad académica.

La segunda entrega de esta serie profundiza en la anatomía del atropello, centrando la mirada en el despojo sistemático de la titularidad docente como política de Estado dentro del feudo de Maliman. Nos encontramos ante una estructura que desprecia la estabilidad laboral, ignorando que el estatus de titularidad confiere un derecho de permanencia que la administración no puede vulnerar por caprichos contables. Esta persecución del intelecto se ejecuta mediante una ingeniería del engaño, donde se manipulan las estructuras administrativas para asfixiar al profesional que ha dedicado su vida a la enseñanza. El asedio a la titularidad es, en esencia, un atentado contra la memoria institucional, pues al intentar «palmar» a los docentes con mayor antigüedad, la Universidad Pepe Goyo borra los rastros de su propia historia para sustituirlos por la improvisación de mascotas serviles que no cuestionan las órdenes ilegales de un patrón que desprecia la norma.

El fenómeno del “palmeo” docente es una práctica ruin que consiste en la asfixia logística del profesor, reduciendo su carga horaria o trasladándolo de forma tramposa aprovechando su perfil multititulado. Esta maniobra, orquestada desde la cúspide por Maliman, busca que el académico capitule por cansancio al ser enviado a las zonas de menor matrícula, pretendiendo ignorar que la fijeza del titular es un blindaje contra tales arbitrariedades. Esta estafa administrativa se apoya en la invención de supuestas crisis que solo existen en los informes amañados de las oficinas directivas para eludir las obligaciones que acarrea la permanencia de un docente con una década de entrega. La robustez de una universidad se mide por el respeto a sus cuadros docentes y a la ley, pero en este cuchitril de embaucadores, la ley es vista apenas como un obstáculo que debe ser sorteado mediante el fraude y el asedio constante contra la dignidad profesional.

Resulta indispensable denunciar el papel de la sexcretaria y mandadera que, subordinada a los caprichos de Maliman, se presta para ejecutar estos planes maléficos contra el personal académico más calificado. Estos individuos, carentes de sindéresis y ética profesional, actúan como los brazos ejecutores de una violencia institucional que hoy aplican a sus colegas, violando la garantía de fijeza que ampara al titular. Al fraguar traslados injustificados y avalar la supresión de horas a docentes protegidos por la ley, esta servil personajilla se convierte en la arquitecta de una traición gremial sin precedentes. La Universidad Pepe Goyo ha fomentado un ecosistema de delación donde la lealtad no se le debe a la academia, sino a la voluntad voluble de un patrón que premia la obediencia ciega y castiga la inteligencia crítica con el destierro profesional, pretendiendo que la titularidad sea un papel mojado en sus manos sucias.

El asedio a la estabilidad es una maniobra de asfixia que ignora los fallos judiciales previos, pues esta institución ha hecho de la contumacia su estrategia de defensa ante las múltiples demandas laborales perdidas por desconocer la inamovilidad. No les importa la ley ni la moral; su objetivo es la acumulación originaria de capital mediante el ahorro forzado que genera el impago de derechos adquiridos de los profesores titulares. Al intentar «palmar» a un docente jubilable, la gerencia de Maliman busca eludir el compromiso de por vida que representa la seguridad social, prefiriendo la rotación constante de personal precarizado que no genere derechos de antigüedad. Este crimen de lesa academia compromete la calidad de la formación estudiantil, pues una universidad que irrespeta la fijeza de sus maestros es apenas un expendedor de títulos de cartón operado por vulgares mercaderes que ven en la educación una mercancía desechable.

Observemos la bajeza de usar la multititulación del docente como una trampa, desplazándolo de su cátedra habitual para enviarlo a facultades donde la matrícula es mínima con el fin premeditado de asfixiarlo económicamente. Esta contradicción revela que el problema no es presupuestario ni de demanda estudiantil, sino una política sistemática de depuración de la inteligencia que estorba al régimen autocrático de Maliman. La ingeniería de la miseria se aplica aquí con precisión quirúrgica: se le quitan las horas al profesor experimentado bajo la excusa de la baja demanda, obligándolo a ver cómo su trayectoria de diez años es ignorada por una administración que desprecia la ley. Este asedio logístico busca romper la voluntad del académico, recordándole en cada acto abusivo que su conocimiento y su derecho a la fijeza no tienen valor en un mercado donde la moneda de cambio es el silencio cómplice ante la corrupción reinante.

La perversión del poder en la Universidad Pepe Goyo alcanza niveles de crueldad inauditos cuando se ataca al docente titular cerca de los tiempos de ley para su jubilación, momento en que su estabilidad debería ser más sagrada que nunca. Maliman y su banda de miserables estiman que un profesor con derechos es un «desfalco» para sus arcas, por lo que suciamente arremeten para provocar su salida forzada mediante estos traslados tramposos a facultades desiertas. Esta visión del ser humano como un estorbo contable es lo que define el carácter de esta gerencia, donde se celebra el despojo ilegal como si fuera un éxito empresarial digno de aplauso. La violencia laboral institucionalizada se manifiesta en cada circular que resta carga horaria a un titular y en cada gesto de desprecio de la sexcretaria hacia quienes son los pilares del saber, demostrando una carencia absoluta de valores éticos en la conducción de la casa de estudios.

Es lícito cuestionar a las autoridades que permiten el funcionamiento de un campus que no es más que un montón de escombros físicos y morales, donde se irrespeta la fijeza docente con total impunidad. La infraestructura física en ruinas es el espejo fiel de la ruindad de sus dueños, quienes prefieren invertir en publicidad engañosa en redes sociales antes que en garantizar la estabilidad que por ley le corresponde al profesorado titular. Esta pichirrería empresarial busca eludir los costos de la legalidad laboral para maximizar un lucro obtenido del maltrato a quienes sostienen la facha académica de la institución. El asedio a la titularidad es solo una parte de una estafa mayor, donde el lucro es el único dios y la ley es un estorbo que Maliman pretende pisotear con la complicidad de su séquito de mandaderas, desprestigiando la majestad de la universidad venezolana ante los entes de control.

La resistencia docente frente a este asedio logístico es el último bastión de decencia en un entorno dominado por la avaricia de Maliman y sus socios del fraude. A pesar del acoso y de la quita ilegal de horas, el profesor titular que se mantiene firme en su puesto representa una victoria de la ética sobre la barbarie administrativa que pretende ignorar su derecho a la fijeza. El «palmeo» no solo busca el ahorro de divisas, sino el quebranto moral del individuo, intentando demostrar que la titularidad es una mercancía que ellos pueden ignorar a su antojo. Sin embargo, la historia de esta universidad de garaje está marcada por las demandas ganadas por quienes no se dejaron amedrentar, demostrando que la fuerza de la sindéresis es superior a la chequera mal habida de un patrón que se cree por encima de la normativa laboral y el respeto debido a la trayectoria académica.

El destino de la sexcretaria ejecutora es, a menudo, el mismo que ella ayuda a fraguar para sus colegas: el olvido y el descarte por parte de un patrón que no conoce la gratitud ni respeta la fijeza de nadie. Al prestarse para palmar a un profesor titular usando su perfil multititulado como trampa, esta cómplice firma su propia sentencia de irrelevancia ante un Maliman que la ve como una herramienta desechable para sus planes de expoliación. La falta de solidaridad gremial es el combustible que permite que este incendio institucional se propague, ignorando que la violación de la titularidad de uno es la amenaza contra la estabilidad de todos. La Universidad Pepe Goyo es un cementerio de carreras profesionales, donde la única forma de sobrevivir parece ser la renuncia a la propia humanidad para convertirse en un engranaje más de la ingeniería de la miseria que asfixia a la comunidad académica y desprestigia el oficio de la enseñanza.

La verdad contra el fraude es nuestra consigna innegociable en este segundo asalto contra la infamia institucionalizada en la universidad de Maliman, donde la titularidad es atacada con sevicia. No hay eufemismo que pueda cubrir la bajeza de una dirección que utiliza a su sexcretaria para manipular las facultades y robar derechos adquiridos, ni hay publicidad que oculte el hedor de la injusticia que emana de sus despachos. La robustez de nuestra denuncia reside en la documentación de estos actos de sicariato moral que hoy exponemos a la luz pública para que el país conozca el rostro real de quienes pretenden desconocer la fijeza del profesorado. Seguiremos desnudando la anatomía del atropello, bloque por bloque, hasta que la majestad de la ley se imponga sobre el capricho feudal de un hombre que pretende ser rector mientras actúa como un asaltante de derechos laborales y méritos académicos.

Concluyo esta entrega advirtiendo que el asedio a la titularidad es el preludio de la caída de un imperio de cartón que no aguanta el peso de su propia ilegalidad y ruindad moral. La Universidad Pepe Goyo, con su ranking subterráneo y sus directivos serviles, es una advertencia viva de lo que ocurre cuando la educación es asediada por una banda de miserables que no entienden que el titular es inamovible por derecho. Maliman podrá seguir ordenando «palmar» a los mejores a través de su mandadera, pero no podrá silenciar la voz de quienes, con la fuerza de la verdad, hoy alzamos la pluma para rescatar la dignidad del profesorado. La justicia social alcanzará a cada rincón de ese cuchitril, devolviendo a los titulares su honor y a los estafadores el lugar que les corresponde en la crónica de la infamia. La luz del búho encadenado comienza a romper las sombras de este asedio logístico contra la inteligencia.

“No hay peor tiranía que la que se ejerce bajo el escudo de las instituciones y con el ropaje de la legalidad, para despojar al hombre del pan que ganó con su intelecto”. Montesquieu.

DR. CRISANTO GREGORIO LEÓN
PROFESOR UNIVERSITARIO

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