Durante años, la testosterona se ha asociado casi en exclusiva a la salud masculina. Sin embargo, la ciencia lleva tiempo señalando una realidad distinta: esta hormona también cumple un papel esencial en el bienestar físico y sexual de las mujeres. Así lo explica el urólogo y andrólogo François Peinado, quien insiste en la necesidad de abordar este tema sin tabúes y con una mirada médica más amplia y personalizada.
Aunque las mujeres producen testosterona en cantidades mucho menores que los hombres, su impacto es profundo. Cuando sus niveles descienden, el cuerpo puede enviar señales claras… pero a menudo se interpretan mal o se normalizan como simples efectos del estrés o del paso del tiempo.
El descenso de testosterona en mujeres puede manifestarse de muchas formas. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la disminución del deseo sexual, la fatiga persistente, la pérdida de energía y los cambios en el estado de ánimo, como irritabilidad o ansiedad. También pueden aparecer problemas de sueño, dificultad para mantener masa muscular, aumento de peso o molestias en las relaciones sexuales.
El problema, según explica Peinado, es que estos signos suelen confundirse con el envejecimiento, la menopausia o la sobrecarga emocional. Además, no existe un consenso internacional que marque cuáles son los valores “normales” de testosterona en mujeres, lo que complica el diagnóstico.
Por ese motivo, el especialista subraya que no basta con un análisis aislado. El enfoque correcto pasa por una evaluación integral, que tenga en cuenta la historia clínica, el contexto hormonal, la edad y el momento del ciclo menstrual. “Mirar solo un número puede llevar a errores”, advierte el experto, que ejerce como jefe de servicio en el Centro Médico-Quirúrgico Olympia.
Además, no siempre un nivel bajo indica una enfermedad. Puede tratarse de una consecuencia de la menopausia, de tratamientos hormonales prolongados o de situaciones médicas concretas como la insuficiencia adrenal o la extirpación ovárica.
En algunos casos, el médico puede valorar el uso de testosterona en dosis fisiológicas, siempre bajo control especializado. Existen distintas opciones, como geles o cremas transdérmicas, parches hormonales, microinyecciones o suplementos de DHEA, un precursor hormonal.
Peinado insiste en que estos tratamientos no deben automedicarse. Un exceso de testosterona puede provocar efectos secundarios como acné, aumento del vello, cambios en la voz o caída del cabello. Por eso, la clave está en ajustar las dosis y hacer un seguimiento médico riguroso.
Más allá del tratamiento farmacológico, el experto destaca el valor de los hábitos de vida saludables. Una alimentación rica en proteínas y grasas saludables, el ejercicio de fuerza, el descanso reparador y la reducción del estrés crónico contribuyen al equilibrio hormonal. También influye mantener una vida sexual activa y satisfactoria, que actúa como regulador natural.
Hablar de testosterona en mujeres es hablar de salud integral, no solo de deseo sexual. Escuchar al cuerpo, pedir una valoración médica adecuada y huir de soluciones rápidas es el primer paso para recuperar el equilibrio y el bienestar.