La reina ha muerto, Dios salve al rey

9 de septiembre de 2022
2 minutos de lectura
Daniel Gómez-Fontecha

Dice la tradición que un monarca debe servir a su pueblo hasta su último aliento. La corona deberá ceñirse sobre su cabeza hasta que su corazón se lo impida. Solamente entonces, la historia llamará a un nuevo rey a ocupar el trono.

Seguramente esa haya sido la filosofía de la reina Isabel II, una mujer que dedicó toda su vida al servicio de su pueblo manteniendo hasta el último instante la lucidez, presencia, dignidad y sobriedad al más puro estilo británico.

Bajo su mandato han desfilado quince primeros ministros, desde figuras inolvidables como Churchill o Thatcher hasta Lizz Truss la protagonista del que ha sido su último acto institucional hace pocos días; se han construido y derribado muros que dividían Europa, entró y salió de la Unión Europea; enterró a la más famosa y recordada de las princesas, ganó una guerra al otro lado del océano y sobrevivió a un referéndum de independencia de uno de los lugares que más guardaba y atesoraba en su corazón. Ella siempre se mantuvo de pie.

Todo ello siempre bajo un estricto protocolo que, con su característica sonrisa, complicidad y el sustento y apoyo de su inseparable marido el rey consorte Felipe de Edimburgo la ha permitido sostener el bastón que tantas décadas empuñó con increíble firmeza.

Millones de ciudadanos no han conocido a otra persona a los mandos de la Corona británica, nadie se podía llegar a imaginar hace tan solo unas horas que la vida se iba a llevar a la persona que, al igual que su antepasada la reina Victoria, enseñó al mundo entero el significado del sentido del deber.

En total, setenta años de reinado en los que no todo han sido buenos momentos. Su gran fortaleza y autoridad en momentos complicados,  permitió a su familia superar grandes períodos de crisis que llegaron a hacer tambalear todo lo que con tanta dedicación había construido: los polémicos divorcios de sus hijos, el legado y muerte de la princesa Diana que obligó a la reina a cambiar completamente su imagen, la tragedia de Las Malvinas, el peñón de Gibraltar, las acusaciones de racismo por parte de Harry… escándalos que por mucho ruido que hayan hecho, nunca lograron que su pueblo dejara de admirar y querer a la que ha sido la más longeva de sus monarcas.

Cariño que en estas últimas horas se ha podido observar a las puertas del impotente Palacio de Buckingham. Miles de personas han querido despedir a su reina con flores, aplausos, rezos y profunda tristeza. Ahora comienza una nueva era, la del rey Carlos III que afrontará la enorme tarea de continuar con la inmensa obra de su progenitora.

Porque allí donde la incertidumbre, la zozobra y la inestabilidad se abrieron paso, Isabel II siempre fue sinónimo de firmeza, certezas, perseverancia y esperanza para todos los británicos.

The Queen passed away. God Save The King.

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