La Constitución de 1978 se convertirá este mes en la más longeva de la historia de España al superar en tiempo de vigencia a la de 1876, impulsada por Antonio Cánovas del Castillo, que hasta ahora ostentaba el récord con 47 años y 73 días. Con este hito, el actual texto constitucional rompe una tradición de más de dos siglos en la que ninguna norma fundamental había logrado consolidarse de forma duradera.
Desde su aprobación en referéndum el 6 de diciembre de 1978, la Carta Magna ha garantizado la estabilidad institucional y el desarrollo del Estado de Derecho, permitiendo la alternancia política y la adaptación del sistema sin necesidad de ser sustituida. A lo largo de casi medio siglo, ha atravesado crisis políticas, un intento de golpe de Estado y profundas transformaciones sociales sin perder vigencia.
El récord se alcanzará el 17 de febrero de 2026 si se toma como referencia la aprobación popular en referéndum, aunque su entrada en vigor oficial se produjo el 29 de diciembre de ese mismo año. Congreso y Senado conmemorarán la efeméride con un acto institucional presidido por el rey Felipe VI, en el que participarán parlamentarios actuales y figuras clave del proceso constituyente.
La historia constitucional española ha estado marcada por la inestabilidad. Desde el Estatuto de Bayona de 1808 —una carta otorgada durante la ocupación francesa— hasta el siglo XX, España aprobó nueve textos con vocación constitucional, muchos de ellos con vigencias breves o intermitentes.
La Constitución de Cádiz de 1812 supuso el verdadero nacimiento del constitucionalismo español, al introducir principios como la división de poderes y la soberanía nacional. Sin embargo, su aplicación fue irregular y estuvo condicionada por los vaivenes políticos del reinado de Fernando VII.
A lo largo del siglo XIX se sucedieron distintos textos liberales, como las constituciones de 1837, 1845 y 1869, reflejo de los continuos cambios entre corrientes progresistas y conservadoras. La de 1869 introdujo avances significativos, como el sufragio universal masculino y amplias libertades civiles, pero apenas estuvo en vigor cuatro años debido a la inestabilidad del Sexenio Democrático.
La Constitución de 1876, aprobada durante la Restauración, fue la más duradera hasta ahora. Se mantuvo vigente hasta el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera en 1923, que puso fin al sistema constitucional de la época.
La Constitución de 1931, aprobada tras la proclamación de la Segunda República, introdujo avances sociales y democráticos inéditos, pero su vigencia fue breve. La Guerra Civil y la posterior dictadura franquista interrumpieron el constitucionalismo durante décadas.
El actual texto nació durante la Transición democrática, impulsado por el consenso político y el papel del entonces rey Juan Carlos I. La Constitución estableció una monarquía parlamentaria, un amplio catálogo de derechos fundamentales y un modelo territorial descentralizado.
Fue la primera norma fundamental aprobada directamente por el pueblo español en referéndum, con un respaldo del 88,54 % de los votantes. A diferencia de sus predecesoras, incorporó mecanismos de reforma que han permitido su actualización sin necesidad de sustituirla.
En casi 50 años, la Constitución solo ha sido reformada en tres ocasiones: en 1992 para reconocer el derecho de sufragio a ciudadanos europeos en elecciones municipales; en 2011 para introducir el principio de estabilidad presupuestaria; y en 2024 para sustituir el término “disminuido” por “personas con discapacidad”.
Con su inminente récord de longevidad, la Carta Magna de 1978 se consolida como el texto constitucional más estable de la historia contemporánea española y como el principal pilar institucional del sistema democrático surgido tras el franquismo.