El primer ministro iraquí, Ali Faleh al Zaidi, ha presentado la retirada de las últimas tropas estadounidenses y el cierre de la misión de la coalición internacional contra Estado Islámico como el comienzo de una nueva etapa para Irak, marcada por el control nacional de su territorio y sus estructuras de seguridad.
«Irak deja de ser un escenario de conflicto para convertirse en una patria que controla plenamente su propio destino», ha afirmado Al Zaidi en un discurso a la nación, en el que ha reivindicado la soberanía del país y la capacidad de sus instituciones para asumir la responsabilidad de su propia seguridad.
El primer ministro ha aprovechado el momento para dirigirse directamente a los grupos armados que durante los últimos años han combatido contra Estado Islámico. Tras reconocer el papel desempeñado por estas fuerzas, les ha reclamado que pasen a formar parte plenamente del aparato estatal.
«Sus armas y sus hombres pertenecen al Estado y a sus instituciones», ha señalado Al Zaidi, que ha pedido que la experiencia de estos grupos quede sometida a una única doctrina nacional y a una cadena de mando común.
El mensaje afecta especialmente a las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), una estructura integrada por numerosas milicias, muchas de ellas vinculadas a Irán, y cuya relación con el Estado iraquí continúa siendo uno de los principales asuntos de seguridad interna. Al Zaidi ha defendido que el país debe avanzar hacia un sistema en el que las armas estén exclusivamente bajo autoridad estatal.
El dirigente iraquí también ha reconocido expresamente a las fuerzas de seguridad kurdas peshmerga, al Ejército, la Policía y el Servicio Antiterrorista por su participación en la lucha contra los yihadistas. Su discurso ha situado a todas estas fuerzas dentro de una misma estructura de defensa nacional.
El discurso coincide con la salida de las últimas fuerzas estadounidenses de Irak, completada este miércoles. La retirada pone fin a la misión militar de la coalición internacional contra Estado Islámico, iniciada en 2014 después de que el grupo yihadista conquistara amplias zonas del país.
Washington y Bagdad habían acordado en 2024 poner fin progresivamente a la misión, con el 30 de septiembre de 2026 como fecha definitiva para completar la retirada. Las últimas fuerzas abandonaron sus posiciones en el norte de Irak, incluida la zona de Erbil.
La salida supone el cierre de un ciclo militar estadounidense que comenzó con la invasión de Irak de 2003 para derrocar a Sadam Husein. Estados Unidos retiró sus tropas en 2011, pero regresó tres años después al frente de una coalición internacional para combatir a Estado Islámico.
La nueva etapa no implica, sin embargo, el final de la cooperación entre Washington y Bagdad. La relación pasa ahora a un modelo basado en la cooperación bilateral, con apoyo en ámbitos como formación, intercambio de información y capacidades de seguridad.
El Ministerio de Exteriores iraquí también ha celebrado el final de la misión y ha agradecido a Estados Unidos y al resto de países participantes en la coalición su apoyo durante la guerra contra Estado Islámico.
La diplomacia iraquí ha subrayado que el cierre de la misión militar no supone el fin de las relaciones con los países que participaron en ella. Bagdad pretende mantener la cooperación en materia de seguridad, inteligencia, formación y desarrollo de capacidades, pero bajo el principio de respeto a la soberanía iraquí.
La retirada abre así una nueva fase para Irak en la que el Gobierno deberá asumir directamente la responsabilidad de la seguridad nacional mientras intenta reforzar el control estatal sobre las distintas fuerzas armadas que operan en el país.
Al Zaidi ha resumido esa estrategia en una fórmula basada en tres elementos: armas bajo control exclusivo del Estado, ausencia de fuerzas militares extranjeras y una decisión nacional unificada. El objetivo declarado por Bagdad es que las distintas fuerzas que participaron en la lucha contra Estado Islámico queden integradas bajo las instituciones iraquíes.