Confieso que llevo casi una hora buscando la palabra poética más afilada, enternecedora, la que más se ajuste al lirismo que quiero expresar y, que tenga, a ser posible, características bondadosas. Sólo he podido encontrar una que daña lo menos posible tal desenfreno: desvergüenza.
Ayer el Presidente del Tribunal Constitucional se gastaba diez mil euros en corbatas, pañuelos y joyas, y hoy se apunta otro despilfarro de treinta mil euros para celebrar el Día de la Mujer regalando bolsos y aderezos a las damas que le acompañan y que luego reverencian sus propuestas… Absolutamente increíble, denigrante, quimérico semejante atropello. ¿Nadie hay en España que detenga estos desatinos?
¿Puede esquilmarse a los ciudadanos con impuestos desproporcionados para que semejantes vandalismos discurran como si fuera normal ante tantas necesidades que no se solucionan porque el dinero de los contribuyentes se malgasta en despropósitos. Los bandoleros de Sierra Morena eran mucho más elegantes, iban a caballo con madroñeras en el adorno y decían claramente la verdad de su oficio.
Pedro Villarejo