“El psicópata es un depredador que ve a la sociedad como un campo de juego diseñado para satisfacer sus propios deseos, sin importar las consecuencias para las víctimas.” Robert Hare.
“Si el sistema judicial se diseña para validar el victimismo y no para buscar la verdad objetiva, lo que estamos construyendo no es una sociedad más segura, sino una sociedad más injusta y polarizada.” Warren Farrell.
La crónica.-
La expulsión de esta operadora judicial es un acto de supervivencia institucional ante una realidad innegable que ha lastimado profundamente al sistema. Ella padece, en tiempo presente, una comorbilidad de trastornos y síndromes que definieron su actuación en el estrado y que la acompañan más allá del mismo: 1) trastorno psicopático, 2) trastorno narcisista, 3) trastorno sádico, 4) trastorno explosivo intermitente, 5) trastorno límite de la personalidad, 6) trastorno bipolar, 7) trastorno histriónico y 8) trastorno megalomaníaco. A este cuadro se integran el síndrome de Hubris, el efecto Dunning-Kruger y el síndrome de Procusto, mediante el cual buscaba mutilar cualquier criterio jurídico que no se ajustara a su medida. Su designación fue una aberración histórica; una carnicera, depredadora de hombres, de la ley y de todo lo correcto, a quien el poder judicial ha tenido que expulsar del cuerpo institucional como se extirpa un tumor cancerígeno altamente invasivo que amenazaba con la metástasis total de la justicia.
En el ejercicio de su magistratura, su maldad no conoció límites. Aplicaba el gaslighting sistemático para desorientar a la parte que no se adhirió a su extorsión y, mediante los refuerzos negativos de la «caja de Skinner», sometía a la defensa técnica a una violencia verbal diseñada para quebrar su capacidad analítica. Su arma más perversa fue el Efecto Golem: a través de expectativas negativas y humillaciones constantes, lograba que abogados que ingresaban a la sala como leones, terminaran domesticados como ovejas mansas, reducidos a la impotencia. Esta metodología de tortura no fue un error de forma, sino una herramienta técnica de castración profesional, destinada a anular el debido proceso y garantizar que su voluntad, sesgada por un odio patológico hacia lo masculino, se impusiera en el empeño de un desprecio absoluto por la justicia.
La red tentacular de despachos que tejía operaba bajo una lógica criminal. Como afirma el doctor Robert Hare: “El psicópata es, por naturaleza, un individuo que carece de escrúpulos morales; para él, la ley no es un mandato de justicia, sino un obstáculo que debe ser corrompido para satisfacer su propio beneficio”. Esta mujer es criminalmente corrupta; su corrupción no cesa con su salida del estrado, pues es un rasgo consustancial a su estructura de personalidad. Su actitud extorsiva era clara: para quien entregaba millonarias sumas de dinero, la libertad estaba garantizada, mientras que el inocente que no claudicaba era condenado. Ante lo estruendoso de sus signos exteriores de riqueza, no basta con haberla extirpado del sistema: resulta fundamental realizar una investigación exhaustiva sobre sus bienes de fortuna. Asimismo, es una necesidad perentoria revisar cada una de las sentencias dictadas por esta mujer, pues cada proceso está viciado de origen por un trauma personal no superado que la inhabilitó absolutamente para administrar justicia. No puede haber paz social mientras las víctimas de su psicopatía sigan cumpliendo condenas dictadas bajo el influjo de quien nunca debió ostentar un cargo público.
El futuro del poder judicial depende de nuestra capacidad para purgar estos perfiles. No es admisible que individuos con tal carga de trastornos ocupen posiciones de poder sin haber pasado por evaluaciones rigurosas, como el test de Robert Hare para psicopatía y un estricto escrutinio bajo los criterios del DSM-5. Debemos garantizar que quienes accedan a la magistratura sean personas mentalmente sanas, limpias y comprometidas con la verdad, no con sus propios resentimientos o ambiciones megalómanas. La justicia no es un juguete para sádicos ni un afán para que narcisistas proyecten sus traumas sobre ciudadanos indefensos.
Que este episodio sirva de escarmiento definitivo: la ignominia que se cultiva con la injusticia es una marca indeleble. Celebramos el desmoronamiento de esta maquinaria de atropellos, confiando en que el futuro judicial se escriba con manos limpias y la firme promesa de que la verdadera justicia corregirá los horrores del pasado, reconociendo que ningún ser humano puede ser tratado como una mercancía desechable en el afán de ideologías que niegan su humanidad y su derecho a una defensa justa y equilibrada.
“Cuando la ley se convierte en un instrumento que favorece la presunción de culpabilidad en función del género, el sistema judicial no está protegiendo a la sociedad, está destruyendo la esencia misma de la justicia.” Warren Farrell.
“La psicopatía no es solo una falta de empatía, es una forma de depredación social en la que otros seres humanos son tratados como simples objetos o medios para un fin.” Robert Hare.
Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario