Frente Amplio y Podemos sellan su divorcio electoral tras fracasar en las negociaciones

17 de octubre de 2026
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La exministra de Igualdad, Irene Montero (1i) y la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau (1d). - Europa Press

Las dos fuerzas concurrirán por separado en casi toda España. Canarias y la Comunidad Valenciana mantienen candidaturas compartidas

La izquierda estatal afrontará las elecciones del 29 de noviembre con una fractura que los últimos intentos de negociación no han conseguido evitar. Frente Amplio y Podemos han agotado el plazo para registrar coaliciones sin cerrar un acuerdo general y concurrirán por separado en la mayoría de las comunidades autónomas.

La ruptura quedó confirmada después de una jornada de contactos contrarreloj y de una última oferta que tampoco logró desbloquear las negociaciones. La unidad electoral solo se ha mantenido en Canarias y en la Comunidad Valenciana, donde Compromís encabezará la candidatura compartida.

En el resto del mapa, el espacio impulsado por Izquierda Unida y Movimiento Sumar ha cerrado acuerdos con diferentes fuerzas territoriales sin incorporar a Podemos. Entre ellos figuran las coaliciones con Ara Més en Baleares y Chunta Aragonesista en Aragón.

El resultado deja a las dos fuerzas estatales ante una campaña marcada por la competencia entre candidaturas que, hasta ahora, habían defendido la necesidad de unir fuerzas para concurrir a las urnas.

Cuando apenas quedaban dos horas para que expirase el plazo de registro de coaliciones, Frente Amplio lanzó una propuesta para intentar incorporar a Podemos. La oferta incluía puestos prioritarios para los morados en Madrid y Cataluña, su presencia en todos los acuerdos electorales en los que participa el nuevo espacio, recursos económicos equitativos y una de las portavocías compartidas del futuro grupo parlamentario.

Podemos rechazó el ofrecimiento poco antes del cierre del plazo. La formación que lidera Ione Belarra argumentó que la propuesta implicaba romper el acuerdo que ya había alcanzado con Esquerra Republicana en Cataluña.

Los morados defendían una fórmula territorial más flexible: mantener las diferencias en Madrid y Barcelona y facilitar acuerdos conjuntos en el resto de comunidades. Su planteamiento partía de que la competencia entre Comuns y ERC en Cataluña y las particularidades electorales de Madrid no debían impedir la colaboración en otros territorios.

Sin embargo, Frente Amplio se opuso a negociar pactos parciales. Su posición fue exigir un acuerdo global que incluyera también Madrid y Cataluña, mientras cerraba alianzas con otras formaciones en las comunidades autónomas.

Las dos plazas se convirtieron en el principal escollo de la negociación. Podemos quería preservar su margen de maniobra en ambas, mientras Frente Amplio exigía que la unidad se extendiera a todo el país.

Durante la jornada, los morados reclamaron acuerdos asimétricos entre territorios y apelaron especialmente a Izquierda Unida para que facilitara esa fórmula. También defendieron la posibilidad de presentar una candidatura propia encabezada por Irene Montero.

En el entorno de Frente Amplio, por su parte, se reprochaba a la dirección de Podemos que no se hubiera sentado a negociar de manera efectiva y que los contactos no hubieran avanzado durante buena parte de la mañana. La falta de entendimiento terminó por hacer inviable una candidatura común de alcance estatal.

La ruptura con Frente Amplio no supone que Podemos vaya a concurrir sin socios en todos los territorios. En Cataluña, la formación mantiene su acuerdo con Esquerra Republicana, una alianza inédita que permitirá incorporar a candidatos de Podemos como independientes en la lista republicana por Barcelona, en los puestos sexto y décimo.

El acuerdo incluye también la participación de Gabriel Rufián en la campaña junto a Irene Montero, una colaboración con la que Podemos pretende dar visibilidad a una fórmula de cooperación entre dirigentes de distintas organizaciones de izquierda.

Desde el partido morado sostienen que el liderazgo de ambos puede conectar con una parte del electorado progresista. Pero la alianza catalana no ha servido para acercar posiciones con Frente Amplio, sino que se ha convertido en uno de los principales obstáculos para el pacto general.

Con el plazo de coaliciones ya cerrado, la disputa deja de ser una negociación entre direcciones y pasa a la competición electoral. La izquierda afrontará los comicios con alianzas distintas según el territorio, mientras el intento de construir una candidatura común para toda España queda descartado para esta convocatoria.

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