¿Está Venezuela en camino de recuperar su democracia?

9 de enero de 2026
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Washington nunca ha reconocido a Maduro como el líder legítimo y ha acusado al régimen de Caracas de manipular las elecciones para mantenerse en el poder

No hay duda de que la captura de Nicolás Maduro, por parte de las fuerzas especiales estadounidenses, fue ejecutada con brillantez y precisión, pero también suscitó serias dudas en muchos sectores, dentro y fuera del país, sobre la legalidad y las consecuencias políticas futuras de una intervención semejante, no solo en Venezuela, sino también en la región.

Las primeras imágenes de la operación militar estadounidense bajo los cielos venezolanos despertaron una mezcla de confusión y esperanza, ante la posibilidad de que el regreso a la democracia estuviera por fin al alcance de los venezolanos que votaron por un cambio político en las elecciones de 2024 y que, según las actas electorales presentadas por la oposición, ganó la Plataforma Unitaria encabezada por Edmundo González.

Tras el imponente despliegue de poder naval estadounidense en la región durante los últimos cinco meses, se había especulado mucho con que el principal objetivo del presidente, Donald Trump, era, en realidad, un cambio de régimen en Caracas.

Y es que desde que llegó al poder en 2013, tras la muerte de Hugo Chávez, Maduro ha destruido sistemáticamente a la sociedad venezolana y a su economía, a pesar de las enormes reservas de petróleo y otras materias primas que deberían haber hecho del país una nación rica y próspera para todos.

A Maduro se le hace responsable de la hiperinflación, del éxodo masivo de más de 8 millones de venezolanos, así como de crímenes de lesa humanidad como ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, torturas y detenciones arbitrarias, que están siendo investigados por la Corte Penal Internacional en La Haya.

Pero fue el negocio ilícito de las drogas, que se contrabandeaban principalmente a Estados Unidos y Europa, y el uso de Venezuela como ruta principal para el transporte de cocaína desde Colombia y Perú, lo que finalmente selló el destino de Maduro.

Ya desde octubre de 2020, el ahora ex hombre fuerte de Venezuela había sido acusado por Estados Unidos de: conspiración de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos. No en vano, se ofrecía una recompensa de 50 millones de dólares por su cabeza.

Ahora, tras su captura y la de su esposa, Cilia Flores, ambos han sido formalmente acusados y serán juzgados en la fiscalía general del distrito sur de Nueva York, bajo la supervisión del juez Alvin K. Hellerstein.

Mientras tanto, el Consejo Federal de Suiza anunció la congelación de todos los activos que Maduro y su entorno tengan en el país, para evitar una eventual fuga de activos y, si se comprueba que fueron obtenidos de manera ilícita, se impulsarán mecanismos para que esos recursos beneficien al pueblo venezolano.

Ahora bien, la controversia sobre los verdaderos motivos de Estados Unidos para iniciar una acción militar en Venezuela, que muchos analistas en Washington ponían en duda, se originó durante una conferencia de prensa posterior a la captura de Maduro, pues Trump afirmó que Estados Unidos «dirigiría» Venezuela hasta que se produjera una «transición segura, adecuada y sensata», pero sin proporcionar detalles, Sin embargo, sí mencionó que las empresas estadounidenses desarrollarán las reservas petroleras del país.

El inicial sinsabor venezolano se produjo también ante el anuncio de que el secretario de Estado, Marco Rubio, estaba en contacto con Delcy Rodríguez, quien ha fungido como vicepresidenta de Maduro desde 2018, supervisando gran parte de la economía venezolana además del temido servicio de inteligencia.

«Básicamente, está dispuesta a hacer lo que creemos que es necesario para que Venezuela vuelva a ser grande», dijo Trump sobre Rodríguez, quien ya juramentó como presidenta interina ante la ausencia de Maduro.

Trump, a bordo del Air Force One, confirmó un día después que Rodríguez “está cooperando” con Estados Unidos.

Las repercusiones de la captura de Maduro se sentirán durante meses, pero existen precedentes.

El presidente George H. W. Bush autorizó una operación militar similar en diciembre de 1989 para capturar al general Manuel Noriega, el dictador panameño, quien, al igual que Maduro, fue acusado de narcotráfico.

La anulación de las elecciones ganadas por el candidato de la oposición, Guillermo Endara, y ciertos choques entre las Fuerzas de Defensa panameñas y el personal militar estadounidense, así como el salvaguardar la neutralidad del Canal de Panamá, pusieron a Noriega en la mira estadounidense, quien se rindió el 3 de enero de 1990.

El objetivo de Estados Unidos en aquella ocasión no era solo arrestar a Noriega, sino también restaurar la democracia en Panamá. ¿Es eso lo que Trump quiere para Venezuela?

Washington nunca ha reconocido a Maduro como el líder legítimo y ha acusado al régimen de Caracas de manipular las elecciones para mantenerse en el poder.

Si esa ruptura forzada del liderazgo brutal y corrupto de Maduro y su entorno, propiciada por Estados Unidos, logra abrir el camino a una estabilidad democrática en Venezuela, entonces tal vez, el fin habrá justificado los medios.

*Por su interés reproducimos este artículo de Sonia Schott publicado en el Diario Las Américas.

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