Dos ensayos clínicos publicados recientemente sitúan al zumo de granada como posible apoyo frente a la adicción a opioides. Ambos trabajos analizaron su efecto en personas sometidas a tratamiento de mantenimiento con metadona o buprenorfina. Los resultados apuntan a mejoras en el sueño, en el deseo de consumo y en marcadores de equilibrio oxidativo. Según los expertos, se trataría de la primera intervención nutricional pensada como soporte para este tipo de pacientes.
El primer estudio, publicado en Substance Use & Addiction Journal, incluyó a 58 personas voluntarias. Cuarenta de ellas tomaron 250 mililitros diarios de zumo de granada durante 120 días seguidos. Las 18 restantes formaron el grupo de control, sin recibir esta intervención. Los investigadores midieron la melatonina en saliva y la calidad del sueño en tres momentos distintos. Utilizaron para ello el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh, aplicado al inicio y en los días 60 y 120. Al terminar el ensayo, la melatonina había aumentado en los pacientes tratados con metadona y con buprenorfina. La mejora en la calidad del sueño, sin embargo, solo se observó de forma clara en el grupo con metadona.
El segundo trabajo, publicado en Clinical Nutrition ESPEN, repitió la misma pauta de 250 mililitros diarios durante cuatro meses. En este caso, el objetivo era medir su efecto sobre el deseo de consumir opioides y sobre marcadores de estrés oxidativo en sangre. Los 58 pacientes que iniciaron el estudio completaron todo el protocolo previsto. El equipo detectó una reducción del deseo de consumo tanto en pacientes con metadona como con buprenorfina. Esas diferencias frente al grupo de control se hicieron visibles a los 60 y a los 120 días. También se observaron señales de mejora en la capacidad antioxidante del organismo. Entre ellas, un aumento de ciertas actividades enzimáticas y una reducción de proteínas dañadas por oxidación.
El médico Juan José Cervantes, especialista en longevidad de la Clínica Santa Teresa 8 de Murcia, valora positivamente ambos trabajos. Considera que los antioxidantes de la granada mejorarían el sueño y elevarían los niveles de melatonina. Ese efecto, según su interpretación, reduciría el deseo compulsivo de volver a consumir heroína. Cervantes destaca que tomar el zumo a diario no implica ningún tratamiento farmacológico adicional ni sus posibles efectos secundarios. Lo considera, por ello, una forma sencilla de acompañar a pacientes en tratamiento con metadona o buprenorfina. Recuerda además que estos pacientes suelen enfrentar estrés oxidativo, deterioro psicosocial y un proceso de rehabilitación complejo.
Según el especialista, el sueño alterado y el deseo compulsivo de consumo suelen dificultar especialmente la rehabilitación. El primer estudio parte precisamente de la relación entre esas alteraciones del sueño y el riesgo de recaída. El segundo, en cambio, se centra en el estrés oxidativo como uno de los factores asociados a estos pacientes. Cervantes explica que el estrés puede empeorar la calidad del sueño y, con ello, aumentar el deseo de consumo al día siguiente. Cree que la intervención nutricional podría ayudar a reducir ese desequilibrio, algo que ambos estudios midieron mediante biomarcadores específicos. El especialista insiste en que el zumo no sustituye ninguna terapia farmacológica ya pautada al paciente. Lo define como una intervención muy fácil de aplicar, reducida a un vaso diario de zumo. Apunta también que sus efectos podrían deberse a compuestos presentes en la granada, entre ellos la punicalagina. Ambos trabajos, subraya, plantean sus conclusiones como apoyo a la rehabilitación y nunca como sustituto de la medicación.