El síndrome de piernas inquietas podría afectar al 11,6 % de la población española, según la neuróloga Laura Lillo, miembro de la Sociedad Española de Sueño. La especialista advierte de que este trastorno neurológico no solo altera el descanso, sino que también aumenta «el riesgo de depresión, ansiedad e, incluso, de suicidio».
La enfermedad provoca una necesidad imperiosa de mover las piernas durante los periodos de reposo, especialmente por la tarde y la noche. «Los síntomas impiden el sueño nocturno, sobre todo al inicio de la noche», ha explicado Lillo, quien subraya que los pacientes pueden verse obligados a levantarse o caminar para aliviar las molestias.
A pesar de su impacto, el síndrome continúa siendo poco conocido y sus síntomas se confunden con frecuencia con la ansiedad o el insomnio. «Es una enfermedad neurológica que altera el procesamiento sensitivo-motor», señala la experta, quien alerta de que el retraso en el diagnóstico «puede llegar a ser mayor a 10 años desde el inicio de los síntomas».
Entre los principales factores de riesgo se encuentran la predisposición genética y el déficit de hierro o ferropenia, considerado uno de los factores de mayor riesgo para desarrollar la enfermedad. Aunque todavía existen incógnitas sobre sus mecanismos, Lillo explica que estas variables pueden alterar sistemas cerebrales relacionados con la dopamina y el glutamato.
El diagnóstico temprano resulta clave porque existen tratamientos capaces de aliviar los síntomas. Actualmente se recurre, entre otras opciones, a la reposición de hierro y a fármacos como gabapentina o pregabalina, mientras que en casos graves pueden utilizarse opioides. También se ha desarrollado un dispositivo de estimulación del nervio peroneal que ha demostrado resultados positivos, aunque «aún no está disponible en España».