Hijo de Federico de Madrazo y cuñado de Mariano Fortuny, Ricardo de Madrazo (1852-1917) quedó siempre en un segundo plano, y ahora el Museo del Prado le dedica por fin una muestra.
El museo ha presentado este martes ‘Ricardo de Madrazo (1852-1917): dibujos y acuarelas’. Es la primera exposición dedicada al miembro menos conocido de una de las familias más influyentes de la cultura española del siglo XIX.
Hijo menor de Federico de Madrazo y nieto de José de Madrazo, quedó eclipsado por la proyección de su hermano Raimundo y de su cuñado Fortuny.
Según el comisario, Pedro José Martínez, Ricardo de Madrazo permaneció a la sombra de los grandes artistas de su entorno. El museo quiere ahora reivindicarlo.
La exposición ocupa la sala 60 del edificio Villanueva, dentro del programa ‘Almacén abierto’. Esa sala se dedica a mostrar distintos aspectos de la colección del siglo XIX.
Reúne cuadernos de dibujo, acuarelas, dibujos, un autorretrato y documentos personales. El museo ha reunido 29 cuadernos del artista, que permiten recorrer una trayectoria de casi medio siglo.
El director adjunto de Conservación e Investigación, Alfonso Palacio, la considera casi inédita, porque prácticamente ninguna de las obras se había expuesto antes. Se articula en cuatro ejes: sus viajes por España, Marruecos e Italia, su relación con Fortuny, su reinterpretación de los grandes maestros y su ámbito familiar.
Para Martínez, la muestra tiene un fuerte componente doméstico. Muchos dibujos nacieron en el entorno de las familias Madrazo y Fortuny, con quien se formó, y Ricardo copiaba los modelos en los que trabajaba su cuñado.
Como ejemplo, el comisario cita un querubín: Fortuny copió uno en el Prado y, después, Madrazo copió el de Fortuny.
La obra de Madrazo ayuda también a conocer mejor a Fortuny. Gracias a sus copias se estudió un viaje de este a Córdoba, del que no se conservaban ejemplos. Otra acuarela muestra el porrón del que bebía Fortuny en su lecho de muerte.
Madrazo desarrolló además una carrera independiente. Empezó como copista en el Prado y hacía copias para vender, entre ellas seis de obras de Velázquez. También decidió copiar por fragmentos el Salón del Trono del Palacio Real.
Sus cuadernos, fechados entre 1867 y 1917, recogen apuntes de Madrid, Roma, Nápoles, Granada, Toledo, Venecia, Tánger, Fez, Biarritz y Lequeitio.
Martínez subraya el trabajo de conservación de la propia familia, cuya memoria permitió salvar parte de la obra incluso del fuego. También agradeció la colaboración de los descendientes en las adquisiciones.