El Museo Nacional del Prado inicia 2026 con un cambio de enfoque claro: mejorar la experiencia del visitante antes que seguir sumando cifras récord. Tras cerrar 2025 con más de 3,5 millones de personas en sus salas, la pinacoteca asume que el éxito también trae desafíos. El objetivo ahora es evitar que recorrer sus galerías se parezca a viajar en el “metro en hora punta”, una imagen que resume bien el problema.
El director del museo, Miguel Falomir, ha presentado el llamado ‘Proyecto anfitrión’, una estrategia pensada para ordenar flujos, reducir aglomeraciones y hacer del Prado un espacio más habitable. El mensaje es contundente: al museo no le hacen falta más visitantes, sino visitantes mejor atendidos y una experiencia más calmada y enriquecedora.
Las medidas, que se detallarán oficialmente más adelante, parten de optimizar recursos ya existentes y reforzar otros nuevos. Se mantendrán restricciones como la prohibición de fotografías, pero se avanzará en aspectos clave como la reorganización de accesos, la redistribución de recorridos y el redimensionamiento de los grupos turísticos, uno de los principales focos de saturación.
El objetivo no es solo evitar el colapso, sino transformar la visita en algo grato, donde el público pueda detenerse, observar y conectar con las obras sin empujones ni prisas. Además, el Prado aspira a diversificar el perfil de quienes lo visitan, equilibrando mejor el peso del turismo masivo con el del público local y especializado.
En paralelo a estas medidas, el Prado ha diseñado una programación expositiva para 2026 que se aleja de las grandes retrospectivas monográficas y apuesta por propuestas temáticas y reflexivas. La primera gran muestra del año será A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo, una exposición ambiciosa que explora la influencia italiana en la pintura española de los siglos XIV y XV. Se trata de un proyecto complejo, con piezas extremadamente delicadas, algunas de ellas inéditas fuera de su lugar de origen desde hace siglos, según Europa Press.
El museo también continuará reivindicando su propia historia con exposiciones como Mariana de Austria, enmarcada en el año dedicado a las Tres Reinas, y Prado. Siglo XXI, una reflexión sobre cómo debe reinventarse la institución para no dormirse en los laureles y seguir liderando el panorama cultural.
Habrá espacio igualmente para el diálogo entre arte y literatura con Rilke y el arte español, para la fotografía como memoria colectiva y para figuras menos transitadas del canon, como Hans Baldung Grien o Valeriano Bécquer. Una programación rica, diversa y pensada sin la presión de atraer público a cualquier precio.
Como recordó Falomir, el Prado es un museo privilegiado. Su Colección Permanente sigue siendo el gran motor de visitantes y le permite arriesgar en las temporales. En 2026, ese privilegio se traducirá en una apuesta clara: menos ruido, más arte y una experiencia a la altura de uno de los grandes museos del mundo.