El dolor de espalda es una molestia habitual que muchas personas experimentan en algún momento de su vida. Sin embargo, cuando aparece acompañado de pérdida de fuerza, cambios en la sensibilidad o alteraciones en los reflejos, puede ser una señal de que existe un problema neurológico que necesita atención especializada.
Así lo advierte Francisco Villarejo, jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Universitario La Luz, quien recuerda que la columna vertebral soporta numerosos esfuerzos diarios. El envejecimiento, las malas posturas y determinadas actividades físicas pueden contribuir a su deterioro.
El especialista insiste en que no solo importa la intensidad del dolor, sino también los síntomas que lo acompañan. Para identificar su origen, los médicos realizan una exploración clínica y, cuando resulta necesario, recurren a pruebas como resonancias magnéticas o radiografías.
No obstante, detectar una alteración en la columna no significa que sea imprescindible operar. La cirugía suele reservarse para situaciones en las que existe una lesión que justifica los síntomas o cuando otros tratamientos no han funcionado.
Villarejo destaca también los avances en técnicas menos invasivas, que permiten intervenir con mayor precisión y preservar los tejidos sanos, favoreciendo una recuperación más llevadera para los pacientes.