La localidad sevillana de Aznalcázar vivió esta Semana Santa un episodio de gran tensión justo durante la celebración de la misa del Domingo de Resurrección, cuando el párroco Rubén Blasco fue objeto de abucheos esquizofrénicos por parte de varios cofrades de la Hermandad de la Encarnación. Lo que debía ser un acto litúrgico de recogimiento se transformó en una escena cargada de reproches, interrupciones y malestar entre los asistentes. Los cofrades le insultaron durante la misa y al término de la misma varios vecinos se interpusieron entre el y los irreverentes fieles para frenar la tensión que se originó a las puertas del templo.
Una vergüenza por parte de los miembros de la hermandad que intervinieron en los abucheos e insultos, al margen de quién tuviera la culpa en este estúpido enfrentamiento que nunca debió producirse, y menos dentro del templo, en plena misa, y luego a las puertas de la iglesia..
Y todo por chorradas.
Durante su intervención, el sacerdote sorprendió a los fieles al denunciar haber sido víctima de acoso y daños materiales. Según sus propias palabras, su vehículo sufrió desperfectos, como arañazos y la rotura de un retrovisor, además de, dijo durante la misa, sentirse perseguido públicamente.
Estas afirmaciones, realizadas en mitad de la liturgia, elevaron rápidamente el tono en plena celebración y generaron reacciones entre los presentes, algunos abucheos. Algunos feligreses salieron en su defensa pidiendo respeto para la misa que estaba celebrando.
Pero el ambiente se fue tensando. Algunos asistentes interrumpieron la intervención del párroco, mientras otros expresaban su desconcierto ante una situación inusual en un contexto religioso.
A pesar de ello, Blasco continuó su discurso/homilía, defendiendo su actuación y respondiendo a las críticas que estaba recibiendo sobre su papel durante la Semana Santa.
Uno de los puntos de conflicto fue la polémica sobre el uso de la medalla de la hermandad, que el sacerdote aseguró no haber recibido nunca.
También lamentó la falta de comunicación con el hermano mayor, con quien afirmó no haber mantenido contacto en muchos meses.
Estas declaraciones reflejan un deterioro evidente en la relación entre el párroco y la corporación religiosa. Y la «total desvergüenza» de los cofrades por su irreverente actitud durante la celebración de una misa, según han manifestado varios parroquianos. «Nunca se había visto algo así», dijo uno de ellos a este digital.
Lo ocurrido en la iglesia no es un hecho aislado, sino la consecuencia de un conflicto que viene gestándose desde hace semanas. La reciente suspensión del cabildo de elecciones de la hermandad, decidida tras un informe presentado por el propio párroco, ya había generado un clima de crispación en el municipio.
Este contexto explica, en parte, la intensidad del enfrentamiento vivido durante la misa. Las acusaciones cruzadas y la falta de diálogo han desembocado en una situación que muchos vecinos califican de insostenible. El conflicto no solo afecta a la vida interna de la hermandad, sino también a la convivencia en el pueblo, donde el tema se ha convertido en objeto de debate.
Tras la ceremonia, la tensión continuó a las puertas del templo, donde se produjeron nuevos enfrentamientos verbales entre el párroco y algunos hermanos. La situación obligó a intervenir a otros vecinos para evitar que el conflicto fuera a más, en un ambiente marcado por los nervios y la indignación.
Las imágenes difundidas en redes sociales han amplificado el impacto del suceso, generando numerosas reacciones y posicionamientos. Mientras tanto, la Hermandad de la Encarnación no ha emitido por el momento una valoración oficial sobre lo ocurrido.