La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha ratificado que el consumo de pescado es plenamente seguro y beneficioso para la salud, incluso en etapas críticas como el embarazo y la infancia. No obstante, los expertos insisten en que las mujeres gestantes, lactantes y niños menores de 10 años deben seleccionar cuidadosamente las especies. El objetivo no es eliminar este alimento de la dieta, sino realizar un consumo responsable evitando variedades específicas con alta acumulación de metales pesados.
Las especies señaladas como de alto riesgo son el pez espada, el atún rojo, el tiburón y el lucio. Según el Comité Científico de la AESAN, el riesgo toxicológico por mercurio solo se materializa si se consumen estos ejemplares de forma habitual o en cantidades excesivas. Por ello, la campaña Safe2Eat 2026 pone el foco en la educación nutricional para que la población aprenda a distinguir entre los beneficios del pescado y el peligro potencial de ciertas variedades según su concentración de mercurio.
La importancia de estas advertencias radica en que el mercurio actúa como un potente neurotóxico. Aunque una exposición moderada puede no afectar a un adulto sano, los efectos en poblaciones vulnerables son significativamente más graves. El riesgo no reside únicamente en la presencia del metal en el animal, sino en la frecuencia con la que se ingiere y el nivel de madurez del sistema biológico que lo recibe, siendo la etapa prenatal y la primera infancia los periodos de mayor sensibilidad.
En el caso de las mujeres embarazadas, el riesgo es crítico debido a que el metilmercurio tiene la capacidad de atravesar la barrera placentaria. Esto implica que la exposición de la madre se traduce directamente en una exposición para el feto, lo que puede derivar en alteraciones del neurodesarrollo. Un consumo inadecuado en esta etapa se asocia con una posible disminución del cociente intelectual y problemas en la adquisición del lenguaje o la memoria del neonato.
Para los niños, el peligro se incrementa debido a que su sistema nervioso se encuentra en pleno proceso de desarrollo y sus cuerpos poseen una menor capacidad de eliminación de toxinas. Los expertos alertan de que muchos padres no son plenamente conscientes de esta vulnerabilidad, ofreciendo a sus hijos raciones o especies que, si bien son inocuas para un adulto, pueden resultar perjudiciales para un organismo en crecimiento.