Recibir un diagnóstico de cáncer de mama supone un importante impacto emocional que, en muchos casos, puede dificultar el seguimiento del tratamiento. Los especialistas recuerdan que mantener la adherencia terapéutica no depende únicamente de la fuerza de voluntad de la paciente, sino también del apoyo que reciba, de la información que tenga sobre su enfermedad y de la confianza en el equipo médico que la acompaña durante todo el proceso.
Según datos recogidos en una guía impulsada por Lilly junto a asociaciones de pacientes y sociedades científicas, hasta una de cada tres mujeres abandona o no sigue correctamente el tratamiento endocrino en los años posteriores a la cirugía, la radioterapia o la quimioterapia. Entre las causas más habituales se encuentran los efectos secundarios, el cansancio, la incertidumbre, las preocupaciones familiares o laborales y el desgaste emocional.
Los expertos insisten en que es fundamental detectar a tiempo señales como la pérdida de motivación, las dudas constantes sobre continuar el tratamiento o la falta de comunicación con los profesionales sanitarios. En lugar de minimizar estas emociones, recomiendan crear espacios de escucha donde las pacientes puedan expresar sus miedos sin sentirse juzgadas.
Además del papel de oncólogos y psicólogos, las asociaciones de pacientes y el entorno familiar desempeñan un papel clave. Un acompañamiento basado en la empatía, la información y el apoyo emocional puede marcar la diferencia para que las mujeres afronten el tratamiento con mayor seguridad y reduzcan el riesgo de abandonarlo antes de tiempo.