«La tierra ama nuestras pisadas, y teme nuestras manos.» – Joaquín Araújo
Los espejos de agua en España, como el Mar Menor y la Albufera, lanzan hoy un grito en desespero por la llaga que les hace sufrir. La ecogestión, entendida como la estructura organizativa que materializa la política medioambiental, no puede ser un «débil jurídico» ante el avance de la degradación que asfixia estos ecosistemas.
En la península, la «matrona» naturaleza sufre el desprecio de vertidos que transforman la aurora en muerte y destrucción. Ante la gravedad del problema, es imperativo aplicar una metodología de abordaje integral basada en principios de ecogestión:
- Ecoauditorías operacionales: es urgente que el Estado propenda a la realización de auditorías independientes que garanticen que la política ambiental sea real y no un apéndice de la economía; donde el ambiente gane y el ecosistema se restaure.
- Principio in dubio pro ambiente: ante cualquier controversia en torno a prerrogativas y competencias de distintos entes públicos o privados, la decisión debe favorecer, sin dilaciones, la salud de la cuenca y la biodiversidad.
- Saneamiento de la hoya hídrica: la contaminación por nitratos procedentes de la actividad agroindustrial intensiva debe ser frenada con normas supraconstitucionales que impidan que estos cuerpos de agua se conviertan en un «estigma putrefacto».
- Acción pronta y eficaz: la solución demanda de los hombres una respuesta satisfactoria y armoniosa. Si no se toma conciencia de la talla del problema, en estas hoyas solo arena dejaremos al futuro y legaremos un pantano de anatema.
La esperanza de librar a estos lagos de su dolor nos coloca en la obligación ética de actuar con la urgencia que el «hoy» exige, entronizando con respeto la gracia de estos ecosistemas que son el sentir de la tierra.
«A un hombre se le puede arrebatar todo, salvo la libertad de ser un hombre de campo, de un campo limpio y vivo.» — Miguel Delibes.
Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario