La tarde del domingo quedó marcada por una de las tragedias ferroviarias más graves de los últimos años en España. El descarrilamiento de dos trenes de Alta Velocidad en la localidad cordobesa de Adamuz provocó al menos cinco personas fallecidas, varios heridos y pasajeros atrapados, además de la suspensión total del servicio ferroviario entre Madrid y Andalucía. Un suceso que ha generado conmoción, incertidumbre y numerosas preguntas aún sin respuesta.
El siniestro se produjo en torno a las 19:45 horas, cuando un tren de la compañía Iryo, que cubría la ruta Málaga–Madrid Puerta de Atocha, descarriló en los desvíos de entrada a Adamuz. Al salirse de la vía, el convoy invadió el trazado contiguo por el que circulaba otro tren de Renfe con destino Huelva, que también acabó descarrilando tras el impacto.
Los últimos vagones del tren Iryo volcaron completamente. En su interior quedaron atrapados varios pasajeros, algunos de los cuales tuvieron que romper los cristales con martillos de emergencia y subirse a la parte superior de los vagones para poder salir. En total, en el convoy viajaban más de 300 personas, muchas de ellas presas del miedo y la desorientación en los primeros minutos tras el accidente.
La situación obligó a la inmediata suspensión de la circulación ferroviaria entre Madrid y Andalucía, una de las conexiones más transitadas del país, afectando a miles de viajeros.
Desde Adif se confirmó rápidamente la gravedad del suceso y la movilización de un amplio dispositivo de emergencias. El servicio 061 desplegó varias UVIs móviles, unidades de cuidados críticos y vehículos de apoyo logístico para atender a los heridos y coordinar la asistencia sanitaria en el lugar del accidente.
Los trabajos de rescate se prolongaron durante horas, mientras los equipos intentaban acceder a los vagones más dañados y asegurar la zona. La escena, según testigos, era de silencio roto por sirenas, luces de emergencia y una profunda sensación de incredulidad.
Fuentes del sector ferroviario han expresado su extrañeza por lo ocurrido, ya que el accidente se produjo en un tramo recto de la vía, lo que reduce habitualmente el riesgo de descarrilamiento. “Es muy raro y aún no sabemos qué ha podido pasar”, señalan. Los sindicatos, por su parte, han insistido en la necesidad de seguir reforzando la seguridad para garantizar que viajar en tren siga siendo un medio fiable y seguro.
Mientras avanza la investigación para esclarecer las causas, la prioridad sigue siendo la atención a las víctimas y sus familias. Una tragedia que vuelve a recordar que, incluso en los sistemas más avanzados, la seguridad nunca puede darse por sentada.