Cumplir un deseo durante una enfermedad grave puede convertirse en un recuerdo capaz de acompañar a un niño durante muchos años. Una investigación de la Universidad Pontificia de Salamanca y la Fundación Pequeño Deseo revela que las emociones positivas vinculadas a estas experiencias siguen presentes incluso una década después.
El estudio recupera los testimonios de pacientes, familiares y profesionales sanitarios que participaron en una investigación realizada en 2012. Sus recuerdos muestran que estos momentos de ilusión adquieren un significado especial durante los ingresos hospitalarios, al permitir que los menores se alejen temporalmente de las preocupaciones relacionadas con su enfermedad.
Además, sus efectos no se limitan únicamente a los niños. Las familias, los hermanos y los sanitarios también conservan estas experiencias como recuerdos positivos y cargados de agradecimiento.
La investigación destaca que muchos menores prefieren vivir experiencias antes que recibir objetos materiales. Uno de los testimonios es el de Alberto, actualmente periodista, que durante su hospitalización pudo cumplir el sueño de ejercer esta profesión durante un día.
Diez años después, asegura que todavía puede recordar con enorme precisión aquel momento, desde los sonidos hasta las sensaciones físicas que experimentó. Su historia refleja cómo una experiencia positiva puede permanecer en la memoria y recuperar su fuerza emocional muchos años después.