Controversias éticas en el descenso de la natalidad y políticas pronatalistas

29 de marzo de 2024
4 minutos de lectura
Natalidad
La Natalidad. | EP

JOSÉ A. CASTILLA

En un mundo globalizado, la opción de tener un niño menos, reduciría ¡20 veces! más la huella de CO2

Los cuatro principios fundamentales de la bioética son el de beneficiencia (centrado en que la aplicación de la medicina o de una estrategia sea beneficiosa para la persona), no maleficencia (cuyo objetivo se basa en no hacer daño y evitar perjuicios a otras personas), justicia (distribución equitativa de los recursos) y autonomía (capacita a las personas para decidir por sí mismo de manera independiente).

La aplicación de estos principios a cuestiones reproductivas se puede llevar a cabo desde un punto de vista individualistas (centrándose sólo en la descendencia, el niño) o generalizados (centrándose en los demás).

Principio de beneficencia reproductiva

Por Principio de beneficencia reproductiva individualista entendemos que las parejas o mujeres que desean tener un hijo, deben buscar tener el mejor niño, de entre los hijos posibles que podrían tener, él que se pueda esperar que va a tener la mejor vida (la que pueda disfrutar de mayor bienestar), basándose en los conocimientos disponibles. La selección y la mejora son una obligación moral. No se puede, se debe seleccionar y buscar la mejora.

En este contexto, el principio de beneficencia reproductivo generalizado persigue que nuestras decisiones reproductivas aporten el mayor bienestar a otros. Esto ha llevado a plantearse la obligación de optar por estrategias reproductivas que aporten mayor bienestar a la humanidad (ej. desde un punto de vista Ambiental).

En un mundo globalizado, con una crisis climática galopante, la opción de tener un niño menos, reduciría ¡20 veces! más la huella de CO2 que el uso de energía verde, cambios de dieta, uso de coches híbridos o reciclar. Así, si sopesamos que podemos hacer por la humanidad combinando reproducción y medio ambiente la conclusión es que lo mejor por la humanidad es tener menos hijos.

Esto ha llevado a la aparición de movimientos globales como “The Birthstrike Movement” cuya propuesta es la de salvar el planeta no teniendo hijos. Franco Berardi, pensador y activista italiano, considera esta deserción a tener hijos, es una cara más de un fenómeno más global que sería la “Gran dimisión”.

Este término fue acuñado al inicio de esta década y describía el aumento de empleados dispuestos a abandonar su puesto de trabajo en busca de un modelo laboral que se amolde en mayor medida a sus necesidades vitales, siendo el reflejo de una deserción de un mundo competitivo y de un mundo laboral precario y esclavizante. Esta deserción reproductiva perseguiría no generar más víctimas esclavizantes en un previsible infierno climático.

Principio de no maleficencia reproductiva

Un ejemplo de la generalización de este principio podría ser el análisis del ofrecimiento de criopreservar gratuitamente la fertilidad a las empleadas de grandes empresas tecnológicas que lo deseen, pues aunque esta estrategia beneficiaría a las mujeres que opten por ella, no cabe duda, que dejaría en un peor lugar laboral y podría perjudicar la carrera profesional de aquellas empleadas que no opten por esta opción reproductiva y deseen tener hijos ya.

Además, según diversos autores la mayoría de las usuarias de estas técnicas son mujeres con estudios superiores, y la principal razón para congelar ovocitos es no tener una persona al lado para materializar un proyecto reproductivo. El cuestionar esta decisión surge cuando se les pregunta qué modelo de persona esperan encontrar para llevar a cabo este proyecto reproductivo.

La mayoría de mujeres espera alguien de su nivel cultural y económico, y desafortunadamente en la mayoría de países desarrollados la tendencia es a que los hombres tengan menos estudios universitarios que las mujeres, por lo que estas tendrán incluso más dificultades en un futuro en encontrar la pareja que buscan que cuando congelaron los ovocitos.

Esto ha llevado a algún autor a plantearse que la criopreservación social de la fertilidad aumentaría la autonomía reproductiva de las mujeres de manera individual, pero no la aumentaría de manera general en el colectivo de mujeres con estudios superiores, que son las verdaderas usuarias de estas técnicas.

Principio de justicia

El principio de justicia en el estudio de la bajada de la natalidad entra el juego a la hora de analizar diversas medidas propuestas para solucionarlo. Una de las más debatidas y analizadas es el Voto de Demeny o voto familiar, que propone fortalecer la influencia de las familias con hijos en el sistema político.

Cuando nace un niño y es aceptado como parte de nuestra sociedad, no se le debería privar de sus derechos como ciudadano durante 18 años, los padres con su custodia podrían ejercer los derechos de voto de los niños hasta que alcancen la mayoría de edad.

Esto llevaría a que los gobiernos estén conformados por partidos que favorezcan políticas encaminadas a la creación de familias y se focalicen en la salud, educación y bienestar de los niños y sus padres antes que en otros problemas, como por ejemplo, la financiación de las pensiones.

Principio de autonomía

El principio de autonomía debe tenerse presente a la hora de analizar otras medidas propuestas para luchar contra la baja natalidad, como son los diversos incentivos económicos sugeridos. Estas medidas han sido criticadas por violar el principio de autonomía y por su impacto heterogéneo según la clase social.

En algunos países, los grupos sociales más desfavorecidos utilizaron con mayor frecuencia los pagos en efectivo y las asignaciones por hijos, alzándose voces a favor de la aplicación selectiva de estas medidas económicas pronatalistas, pudiendo según algunos autores llegar a caer en la eugenesia.

De igual manera, la mejora en el acceso de técnicas de reproducción asistida como medida para combatir el descenso de la natalidad se ha mostrado como desigual entre sexos y clases sociales.

Y otra medida propuesta por Demeny en 1986, para mejorar la seguridad económica de las mujeres dentro de la familia y que proporcionaría una mayor flexibilidad de elección entre trabajar fuera de casa o dedicarse a la crianza de los hijos, es incorporar el concepto de “familia nuclear”, por el cual los ingresos de los miembros de una familia, independientemente de cómo se adquieran (incluidos sueldos, derechos de pensión, etc.), deberían recaer en la familia y, por lo tanto, recaerían por igual en los cónyuges.

En conclusión, para tener una aproximación válida a los factores relacionados con la baja natalidad es necesario tener en cuenta aspectos éticos. Estos se encontrarán tanto en la raíz del problema como en las soluciones propuestas. Es necesario un debate entre los diferentes actores involucrados en este declive para poder adoptar medidas lo más éticas posibles.

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