El Abierto de Australia sigue dejando buenas sensaciones para el tenis español. En una jornada marcada por la exigencia física y la gestión emocional, Carlos Alcaraz confirmó que su candidatura va muy en serio al imponerse con autoridad al alemán Yannick Hanfmann y sellar su billete para la tercera ronda del primer Grand Slam del año. No fue un inicio perfecto, pero sí una demostración clara de madurez competitiva.
El partido comenzó con un Alcaraz algo incómodo, lejos de su versión más limpia. Errores no forzados, dudas con el saque y un Hanfmann valiente provocaron que el primer set se complicara más de lo esperado. El alemán llegó incluso a tomar ventaja, obligando al murciano a remar desde atrás y a gestionar la presión en los momentos clave.
Sin embargo, ahí apareció una de las grandes virtudes del número uno: la capacidad de adaptarse. Tras recuperar el quiebre y forzar el desempate, Alcaraz elevó el nivel justo cuando el margen de error desaparece. El tie break fue una prueba de carácter. Con puntos largos, valentía al resto y una lectura inteligente del juego, el español cerró una manga que parecía escaparse.
Ese aprendizaje tuvo efecto inmediato. En el segundo set, el Alcaraz que apareció en pista fue otro. Más sólido, más preciso y con un saque mucho más fiable. Redujo errores, aumentó los golpes ganadores y controló el ritmo del encuentro. Un único quiebre bastó para encarrilar el parcial y dejar claro quién mandaba realmente.
Con el partido ya a favor, el tercer set fue una liberación. Alcaraz jugó suelto, agresivo y confiado, desplegando su mejor versión. Los aces, las derechas ganadoras y la sensación de superioridad fueron evidentes. El 6-2 final reflejó no solo el marcador, sino la diferencia mental y física entre ambos en ese tramo decisivo, según Europa Press.
Ahora, el español se medirá al francés Corentin Moutet, un rival incómodo y creativo, pero ante el que Alcaraz llegará con confianza creciente y la tranquilidad de quien sabe ajustar su juego partido a partido.
La jornada fue aún más positiva para España gracias a Alejandro Davidovich, que firmó una victoria épica ante Reilly Opelka. En casi cuatro horas de batalla, el malagueño demostró resistencia mental, paciencia y temple para sobrevivir al bombardeo de saques de su rival y avanzar también a tercera ronda.
Dos caminos distintos, pero un mismo mensaje: el tenis español sigue muy vivo en Australia.