La investigación del accidente ferroviario de Adamuz, que dejó 46 fallecidos y más de 120 heridos, avanza entre declaraciones clave y advertencias judiciales. El testimonio del conductor del tren de Iryo añade ahora nuevos detalles sobre los segundos previos al siniestro.
Según ha podido saber EL PAÍS, el conductor del tren de Iryo aseguró ante la autoridad judicial que instantes antes del descarrilamiento percibió “tirones” en la marcha y observó que el cable de la catenaria se movía de forma anómala. Su declaración se considera una pieza relevante dentro de una investigación que todavía no descarta ninguna hipótesis.
El siniestro ocurrió en el tramo de Adamuz (Córdoba) y desde el primer momento la Guardia Civil ha barajado varias líneas de trabajo. Entre las principales, un posible fallo en el riel o en una soldadura. El primer informe técnico apunta a que pudo producirse la rotura de un carril de acero marcado en 2023 que estaba unido mediante soldadura a otro más antiguo, de 1989. Esa fractura habría desencadenado una reacción en cadena en la vía.
Los investigadores también analizan el estado general del tramo ferroviario —traviesas, balasto, clips y soldaduras— así como los datos de tensión en los circuitos de vía para determinar el momento exacto de la rotura. No se descartan otras posibilidades como un problema estructural, una incidencia en la circulación o incluso factores externos, aunque ninguna hipótesis ha sido confirmada hasta el momento.
El relato del maquinista, lejos de cerrar el caso, abre nuevas preguntas técnicas. Los tirones previos podrían ser compatibles con una fractura súbita en el carril o con un fallo en la infraestructura eléctrica superior.
Paralelamente a la declaración del conductor, la investigación se ha visto marcada por otro episodio controvertido. Personal de Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) retiró material de la vía durante la madrugada posterior al accidente y lo trasladó a la base de mantenimiento de Hornachuelos.
Según ha confirmado la Guardia Civil, en esas instalaciones se realizaron ensayos sin comunicación previa a la jueza instructora. Este hecho motivó una advertencia judicial expresa: la magistrada requirió a Adif que se abstuviera de manipular o trasladar cualquier material relevante para la causa sin autorización y ordenó la restitución inmediata de los elementos retirados.
El responsable de la base reconoció haber actuado por orden verbal de un superior y sostuvo que los ensayos practicados no fueron destructivos. Sin embargo, la investigación judicial subraya la importancia de mantener la cadena de custodia intacta para garantizar la transparencia del proceso.
La jueza mantiene bajo supervisión todo el material crítico y ha advertido de posibles responsabilidades penales en caso de intervenciones no autorizadas. Mientras tanto, las familias de las víctimas esperan respuestas claras sobre qué falló exactamente aquella noche.
Entre la declaración del conductor y el análisis técnico de la vía, la instrucción continúa. La prioridad es determinar si el accidente fue consecuencia de un defecto estructural, un error en la soldadura o un problema más complejo. Por ahora, la tragedia de Adamuz sigue bajo el foco de la justicia y de la opinión pública.