El exministro José Luis Ábalos ha concedido su primera entrevista desde la prisión de Soto del Real tras 123 días encarcelado, donde asegura que su ingreso fue premeditado. “Sabía que había una intención de meterme en prisión”, afirma, denunciando además una campaña de presión con “sicarios digitales” y el aumento deliberado de las penas para justificar un supuesto riesgo de fuga.
A pesar de su situación, Ábalos sostiene que su ánimo se mantiene firme: “No he flaqueado en ningún momento”. El exministro se define como un “luchador” que ha convivido con “los perdedores de la sociedad”, reivindicando su origen humilde y su cercanía con la gente común: “No soy clasista y me relaciono mejor con la gente humilde”.
Sobre su vida en prisión, asegura que tiene una relación “magnífica” con el resto de reclusos: “Los presos me han dispensado un trato de atención, ayuda y afecto inesperado. He recibido más cariño y empatía dentro de Soto del Real que en el Congreso”. Sin embargo, reconoce el desconcierto que aún siente: “Sigo preguntándome muchas veces dónde estoy y qué hago aquí. Lo que peor llevo es el roce con mis seres queridos”.
El exministro también expresa su preocupación por el juicio que afrontará en el Tribunal Supremo el próximo 7 de abril. Denuncia dificultades para preparar su defensa: “Con un bolígrafo BIC me enfrento a un gran sistema acusador”, y añade que la falta de acceso a pruebas y las limitaciones en prisión le generan “cierta ansiedad”.
Además, critica las condiciones logísticas del proceso judicial: “El mero hecho de acceder al tribunal diariamente es física y psicológicamente agotador”. Asegura que el juicio contará con decenas de testigos, mientras él afronta el proceso con recursos muy limitados desde la cárcel.
Ábalos rechaza haber acumulado poder y atribuye su situación a conflictos políticos y decisiones pasadas. “No he sido consciente de haber acumulado poder, sí responsabilidad”, afirma, reconociendo que pudo subestimar a sus adversarios. También niega irregularidades en asuntos como el caso de Delcy Rodríguez y rechaza haber influido en decisiones del Gobierno sobre Venezuela.
Preguntado sobre si tuvo contacto con Delcy y su hermano para interceder ante Sánchez para que no reconociera a Juan Guaidó como presidente de Venezuela, Ábalos ha negado dichas acusaciones y ha asegurado que Guaidó ya estaba reconocido por el propio Gobierno de Pedro Sánchez.
El exministro también ha respondido a las declaraciones de Pedro Sánchez, quien aseguró que en lo personal era un “desconocido” para él. Ábalos interpreta que se refería al ámbito íntimo: “Yo tampoco he querido saber nada de su intimidad”, aunque reconoce que le molestó que “se sumara a lo fácil, al relato que le interesa a sus adversarios”, lamentando que su exposición pública haya tenido consecuencias personales.
El exministro reivindica su identidad política y su trayectoria: “Soy socialista democrático desde 1976, nadie me puede privar de ello”, afirma, denunciando que su situación actual ha dañado su presente y futuro, pero no su pasado. Además, sostiene que su caso tiene un trasfondo político y cree que existe un intento de desacreditar su gestión: “Las frustraciones y los sentimientos de revancha han encontrado una oportunidad”, aunque insiste en que se siente “muy orgulloso” de su labor en el Gobierno.
Ábalos ha restado importancia a la notoriedad adquirida por José Luis Rodríguez Zapatero en relación con el caso Plus Ultra, asegurando que no le sorprende. Además, ha aclarado que conoció la propuesta del préstamo, pero niega haber recibido instrucciones de Pedro Sánchez para facilitar el rescate. También se ha referido al accidente de Adamuz: “Lo viví con mucha preocupación por las víctimas”.
Ábalos ha defendido su gestión al frente de las infraestructuras, subrayando avances en la red ferroviaria: “Extendimos la Alta Velocidad a Galicia, Asturias, Murcia… conectamos Granada e incrementamos la inversión en Extremadura”. Asimismo, ha resaltado la apuesta por el Corredor Mediterráneo y la liberalización del ferrocarril, lo que ha incrementado su uso. Según explica, este aumento de tráfico implica también “más desgaste de la infraestructura”, lo que obliga a reforzar los recursos destinados al mantenimiento y conservación.