Investigadores de la Universidad Semmelweis, en Hungría, han analizado qué dice la ciencia sobre la relación entre la alimentación y la demencia.
Los autores revisaron cientos de estudios de laboratorio, con animales, de población y ensayos clínicos. Se centraron en los polifenoles, unos compuestos de origen vegetal presentes en bayas, té, cacao, café y aceite de oliva virgen extra.
Según la revisión, estas sustancias podrían favorecer el funcionamiento del sistema nervioso gracias a sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios. Sin embargo, las pruebas disponibles no bastan para recomendar un alimento concreto como estrategia única frente a la demencia.
El estudio presta especial atención a la dieta mediterránea y a la dieta MIND, que combina elementos de esa pauta con otros pensados para la salud cerebral. Los autores sostienen que el mayor beneficio procede de mantener estos hábitos durante años.
Por ello, advierten de que ni los suplementos ni un supuesto ‘superalimento’ sustituyen a un patrón de alimentación equilibrado y sostenido en el tiempo.
Las investigadoras también recuerdan que la microbiota intestinal influye en cómo el cuerpo transforma los polifenoles. Por eso, una misma dieta puede tener efectos distintos en cada persona.
La Organización Mundial de la Salud calcula que más de 55 millones de personas viven con demencia en el mundo. La mayoría de las investigaciones sobre prevención se centran en hábitos modificables, como la alimentación.