El 60% de los padres, madres y tutores de menores de entre 10 y 17 años considera que los niños y adolescentes están más expuestos a riesgos y peligros. Sin embargo, casi ocho de cada diez familias (78%) reconocen que concederían mayor autonomía a sus hijos si pudieran saber que están bien sin necesidad de vigilar constantemente sus movimientos. Así lo recoge el estudio Cómo viven las familias españolas la seguridad de sus hijos, elaborado por la aplicación de seguridad ellu a partir de una muestra de 1.073 progenitores y tutores de toda España.
La falta de respuesta a llamadas y mensajes constituye la principal fuente de preocupación para el 54% de los encuestados, por delante de situaciones como que los menores regresen solos a casa por la noche, mencionada por el 44%. Además, el 28% de las familias afirma haber vivido algún episodio en el que sus hijos se quedaron sin batería en el móvil mientras estaban fuera de casa. Según el estudio, la edad media a la que los menores reciben su primer teléfono móvil se sitúa en los 13,3 años.
El acoso escolar y el ciberacoso encabezan los temores de las familias, con un 75% y un 74% de menciones, respectivamente. La preocupación por las redes sociales y la salud mental se mantiene en todas las franjas de edad, mientras que el miedo a sufrir agresiones afecta especialmente a las familias con niñas. Pese a ello, solo el 29% de los progenitores asegura tener plena confianza en que sus hijos les contarían un problema grave relacionado con el acoso o su bienestar emocional.
Ante estos riesgos, el control parental se convierte en una herramienta habitual para algunas familias. Cinco de cada diez progenitores reconocen haber rastreado a escondidas la ubicación de sus hijos, una práctica que, según el informe, es un 58% más frecuente entre quienes afirman que los menores saben que disponen de esa posibilidad. No obstante, menos de la mitad de las familias utiliza herramientas de geolocalización, debido principalmente al rechazo, al desconocimiento o al temor de que los hijos se sientan controlados.
El estudio también refleja diferencias en la vigilancia según la edad a la que los menores reciben su primer móvil. Entre quienes lo obtuvieron con 10 años o menos, el 30% experimentó un mayor control parental, frente al 17,5% de aquellos que accedieron al dispositivo entre los 15 y los 17 años. Estos datos ponen de manifiesto las dificultades de las familias para encontrar un equilibrio entre la protección de los menores, el respeto a su intimidad y el desarrollo progresivo de su independencia.
Entre las principales razones que llevan a los padres a limitar la autonomía de sus hijos figuran el miedo a posibles agresiones, señalado por el 46%; la preocupación por las compañías, con un 40%; y la percepción de que los menores todavía no tienen suficiente madurez, con un 34%. Pese a estos temores, el 78% afirma que sería más permisivo si pudiera comprobar que sus hijos están bien sin controlar continuamente sus movimientos. La confianza y la comunicación familiar se perfilan así como elementos fundamentales para reforzar la seguridad infantil sin recurrir a una vigilancia constante.