Carles Puigdemont empieza a mirar hacia Cataluña con una idea que, según reconoce, llevaba años condicionada por la incertidumbre: regresar. El expresidente de la Generalitat y líder de Junts asegura que ya está preparando su vuelta a España, aunque el escenario judicial continúa sin resolverse. El aval del Tribunal Constitucional a la Ley de Amnistía ha cambiado, según su interpretación, las perspectivas de su situación, pero la medida todavía no se le ha aplicado.
«Así como he dedicado mucho tiempo a preparar mi exilio, si era necesario crónico, ahora estoy preparando mi retorno», ha declarado en una entrevista en La 2 Cat recogida por Europa Press. No ha anunciado una fecha concreta, pero sí un cambio de prioridades: después de años organizando su vida fuera de España, sostiene que ha llegado el momento de preparar el camino de vuelta.
El regreso, sin embargo, no es la única cuestión política que ha abordado. Puigdemont también ha descartado ocupar la jefatura de la oposición en el Parlament. Considera que haber presidido la Generalitat resulta incompatible, en términos institucionales, con pasar después a fiscalizar a quien ocupa ese mismo cargo. «No es correcto que vaya después a controlar al presidente, sea quien sea», ha argumentado.
Puigdemont interpreta el aval del Constitucional a la amnistía como un punto de inflexión. En su relato, el proceso ha alcanzado una fase en la que ya no debería haber marcha atrás. «Es irreversible y, por lo tanto, deberán acabar firmando la rendición», ha afirmado.
Pero sus palabras conviven con una realidad que él mismo reconoce: la amnistía aún no se le ha aplicado. El dirigente independentista ha explicado que llegó a pensar que nunca se beneficiaría de ella porque, a su juicio, no existía voluntad de permitir su regreso. También ha advertido de que no descarta que su caso termine resolviéndose, según sostiene, al margen de la lógica jurídica.
Esa incertidumbre sigue siendo el principal obstáculo entre el anuncio político y una vuelta efectiva. Puigdemont habla de preparar el regreso, pero no da por resuelta su situación judicial.
El líder de Junts ha relatado un episodio anterior a las negociaciones que desembocaron en el apoyo de su partido a la investidura de Pedro Sánchez en 2023. Según su versión, un político socialista acudió discretamente a visitarlo y le ofreció un acuerdo similar a los indultos. No ha querido revelar su identidad.
Puigdemont asegura que rechazó la propuesta y que dejó clara su condición: quería una amnistía. Si no se producía, estaba dispuesto a permanecer en Bélgica el resto de su vida.
Según el relato que ha ofrecido, aquel interlocutor descartó entonces la posibilidad de una amnistía. La situación cambió cuando los votos de Junts pasaron a ser necesarios para la investidura de Sánchez. Puigdemont presenta ese giro como la prueba de que la negociación política modificó una posición que hasta entonces parecía cerrada.
Su relato también deja una idea de fondo: el exilio, afirma, nunca fue una decisión tomada con la seguridad de que acabaría regresando.
Puigdemont ha querido desmontar una de las imágenes más repetidas sobre su salida de España. Según ha contado, la noche del 29 de octubre de 2017 abandonó Girona sentado en un coche rumbo a Bélgica, vestido con americana y corbata y con una bolsa de mano en la que llevaba lo imprescindible.
«No fui nunca en ningún maletero», ha insistido. Asegura que existen imágenes que demostrarían cómo salió del país. También niega haber viajado oculto cuando regresó a Cataluña el 8 de agosto de 2024 y después volvió a Waterloo.
En aquella ocasión, ha explicado, pretendía entrar en el Parlament, aunque era consciente de que podía ser detenido antes de llegar a la Cámara. Puigdemont ha reivindicado el «coraje» de aquella operación, que terminó sin que pudiera desarrollar su intervención en el Parlamento catalán.
El dirigente asegura que dos voluntarios le ayudan con su seguridad desde que se trasladó a Bruselas. También reconoce que volver a Cataluña podría aumentar los riesgos personales y no descarta que, en algún momento, tenga que desplazarse a Madrid.
Como ejemplo de las precauciones que dice haber tomado, ha contado que en una ocasión envió su coche belga a su vivienda de Sant Julià de Ramis, en Girona, conducido por otra persona. Él no viajaba en el vehículo y, según su versión, nadie lo detuvo cuando cruzó la frontera.
Detrás de la batalla política hay una consecuencia familiar que Puigdemont ha recordado durante la entrevista: la muerte de sus padres sin que pudiera asistir a sus entierros.
Si finalmente regresa, ha explicado, no piensa comenzar su nueva etapa con un acto político. Una vez resuelta la cuestión institucional, su primera parada será el cementerio de Amer, en Girona, para visitar las tumbas de sus padres. Después irá a su casa.
Sobre la posibilidad de arrepentirse de alguna decisión, ha asegurado que no lo hace, aunque admite que quizá habría actuado de otra manera en determinados momentos. Preguntado por si repetiría lo que hizo, ha respondido que, en realidad, nunca ha dejado de hacerlo.
«No puedo parar. Nadie me obligó a coger este trabajo. Lo hice asumiendo todas las consecuencias y debo corresponder a esto», ha afirmado. Vincula esa responsabilidad a la presidencia de la Generalitat y a su compromiso con la independencia de Cataluña, un proceso que, según ha dicho, forma parte de su vida desde que tiene uso de razón.
Puigdemont también ha hablado de su vida cotidiana en Bélgica. Asegura que no echa de menos el Parlamento Europeo y, especialmente, los viajes a Estrasburgo. Entre las visitas que recibió durante su estancia en el extranjero, ha destacado la del expresidente del FC Barcelona Joan Gaspart, a quien ha agradecido el apoyo.
Ha explicado, además, que tuvo que obtener de nuevo el permiso de conducir en Bélgica y que el único sueldo que percibe es el correspondiente a su condición de diputado de Junts en el Parlament. Sobre el alquiler de la vivienda de Waterloo, sostiene que se paga con donaciones y niega que se utilice dinero público.
Casi nueve años después de abandonar España, Puigdemont vuelve a situar su regreso en el centro de su discurso político. La diferencia es que ahora afirma estar preparándolo. La incógnita sigue siendo cuándo podrá hacerlo y qué recorrido judicial tendrá todavía que superar.