Raphaël Glucksmann ha lanzado un llamamiento a la centroizquierda francesa para impedir que Marine Le Pen alcance la presidencia en 2027. Tras imponerse en las primarias organizadas por el Partido Socialista, el eurodiputado ha definido la próxima campaña como una «batalla existencial» y ha reclamado abandonar el derrotismo que, a su juicio, domina a su espacio político.
«Tenemos que librarnos del espíritu de derrota», afirmó el lunes por la mañana, en sus primeras declaraciones después de ser designado candidato socialdemócrata. En una entrevista con France Inter, Glucksmann advirtió de que Francia atraviesa un «momento histórico», con la extrema derecha cada vez más cerca del poder.
El político, fundador de Place Publique, considera que la campaña presidencial será especialmente dura y ha advertido de que resultaría insoportable que la centroizquierda afrontase las elecciones sin creer en sus posibilidades de victoria. Su objetivo es devolver el «orgullo por la socialdemocracia» a un espacio político que acumula malos resultados y pierde terreno frente a sus adversarios.
Glucksmann, de 46 años, parte con una desventaja considerable. Los sondeos citados en la información le atribuyen entre el 9% y el 14% de los votos, muy por detrás de Marine Le Pen, favorita en las estimaciones electorales. También queda por debajo de Édouard Philippe, ex primer ministro durante la presidencia de Emmanuel Macron.
A la dificultad electoral se suma la fragmentación de la izquierda. Jean-Luc Mélenchon mantiene un respaldo superior al de Glucksmann en las encuestas, pero el candidato socialdemócrata descarta colaborar con el dirigente de La France Insoumise, cuya formación boicoteó las primarias socialistas y aspira a liderar el espacio progresista.
La decisión de Glucksmann de concurrir con un perfil más reformista y centrista puede ayudarle a recuperar a votantes moderados, pero también alimenta las críticas de quienes consideran que su proyecto se aleja demasiado de la izquierda tradicional.
La elección de Glucksmann supone un cambio significativo para el Partido Socialista francés. Por primera vez desde su fundación en 1969, la formación no contará con un candidato presidencial propio, sino que respaldará a un dirigente de Place Publique.
Eurodiputado desde 2019, Glucksmann ya había colaborado con los socialistas en anteriores convocatorias electorales mediante listas conjuntas. Sin embargo, su candidatura necesitaba el respaldo de la estructura del partido para aspirar a convertirse en una alternativa competitiva.
El reto pasa ahora por recuperar a los votantes de centroizquierda que se desplazaron hacia el espacio político de Macron y reconstruir una base electoral capaz de competir tanto con la extrema derecha como con la izquierda radical.
Glucksmann se presenta como un intelectual alejado de los políticos profesionales y defiende una renovación de la socialdemocracia basada en la política medioambiental y en la recuperación del apoyo de la clase trabajadora.
En declaraciones al diario Libération, ha defendido que no tiene motivos para disculparse por su perfil intelectual y que pretende utilizar su formación para «explicar mejor el momento que estamos viviendo», en lugar de recurrir a consignas políticas.
También ha criticado el balance de Macron en materia climática. A su juicio, el presidente francés ha «desperdiciado 10 años» al no actuar con suficiente determinación ante la emergencia medioambiental.
Su discurso busca combinar la defensa de Europa, la solidaridad con Ucrania y una agenda climática ambiciosa con una preocupación que considera central: la pérdida de confianza de los trabajadores en la izquierda socialdemócrata.
El perfil de Glucksmann está marcado por su activismo en asuntos internacionales. Ha participado en documentales destinados a dar a conocer las consecuencias del genocidio de Ruanda y fue asesor del expresidente georgiano Mikheil Saakashvili, conocido por su oposición a Moscú.
Su europeísmo y su apoyo a Ucrania forman parte de una identidad política que lo diferencia de otros sectores de la izquierda francesa. No obstante, sus detractores cuestionan su perfil intelectual y parisino, así como su orientación centrista.
A esa exposición pública se suma su relación con Léa Salamé, una de las principales presentadoras de la televisión pública francesa. Salamé ha dejado de conducir el informativo nocturno mientras su pareja prepara la candidatura presidencial, para evitar que su papel periodístico se vea condicionado por la campaña.
Glucksmann afronta así una doble batalla: construir una candidatura capaz de superar la división de la izquierda y convencer a un electorado que, según los sondeos citados, sigue situando a Marine Le Pen en una posición mucho más favorable de cara a 2027.