Los psiquiatras reclaman regular la IA tras detectar riesgos para la salud mental

13 de octubre de 2026
3 minutos de lectura

Un estudio de Doctoralia revela que el 53% de los psiquiatras ha recibido pacientes con hipótesis diagnósticas elaboradas por la inteligencia artificial

Los chatbots de inteligencia artificial se han convertido en una fuente de consulta para quienes buscan respuestas a sus problemas emocionales, pero su uso también plantea riesgos cuando sus recomendaciones se interpretan como un diagnóstico o una pauta de tratamiento. Un estudio de Doctoralia en España revela que el 61% de los usuarios encuestados se plantea utilizar o ya ha recurrido a estas herramientas ante dudas relacionadas con su salud mental.

La investigación, realizada con cerca de 3.000 usuarios y casi 1.000 psicólogos y psiquiatras, recoge además que el 53% de los psiquiatras participantes ha recibido a pacientes que acudían a consulta con una hipótesis diagnóstica elaborada mediante inteligencia artificial. Más preocupante aún, el 14,7% afirma haber atendido a personas cuyo estado empeoró después de seguir indicaciones de un chatbot.

Los datos, difundidos con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, celebrado el 10 de octubre, reflejan cómo estas herramientas están modificando la manera en que algunas personas buscan explicaciones para su malestar y llegan a las consultas sanitarias.

El psiquiatra Alejandro Martínez Rico advierte de que disponer de más información no significa necesariamente comprender mejor lo que ocurre. Según explica, los profesionales se encuentran cada vez con más pacientes que llegan a consulta con posibles diagnósticos obtenidos mediante herramientas digitales.

«Nuestro papel está evolucionando: además de diagnosticar y tratar, tenemos que ayudar a contextualizar esa información, distinguir síntomas de diagnósticos y devolver una mirada clínica individualizada que un algoritmo no puede sustituir», señala.

El problema aparece cuando una respuesta generada por la IA se interpreta como una conclusión médica fiable. Los síntomas pueden tener distintas causas y requieren valorar el contexto personal, los antecedentes y la evolución de cada paciente, aspectos que no pueden resolverse únicamente mediante una conversación con un chatbot.

La influencia de estas herramientas también alcanza las decisiones farmacológicas. Según el estudio, el 41,3% de los psiquiatras encuestados ha recibido peticiones expresas de pacientes para iniciar o modificar un tratamiento a partir de recomendaciones generadas por un algoritmo.

Martínez Rico recuerda que prescribir un medicamento exige mucho más que relacionar un síntoma con un fármaco. Es necesario evaluar el diagnóstico, los antecedentes médicos, los tratamientos que ya toma la persona, los posibles riesgos y sus preferencias.

La inteligencia artificial puede servir como apoyo para obtener información o preparar preguntas para una consulta, pero no debe sustituir el criterio clínico ni utilizarse para modificar por cuenta propia una medicación. La decisión terapéutica corresponde al profesional sanitario, que debe valorar cada caso de forma individualizada.

La expansión de estas herramientas ha llevado a los profesionales a reclamar reglas claras. Cerca del 80% de los encuestados considera necesario regular por ley el uso de la inteligencia artificial generativa en el ámbito de la salud mental.

La preocupación se centra especialmente en el uso sin supervisión clínica, cuando una persona confía en las respuestas de un chatbot para interpretar síntomas, establecer un diagnóstico o tomar decisiones sobre su tratamiento.

Los especialistas distinguen, no obstante, entre ese uso individual y la incorporación de la IA a la actividad profesional bajo criterios de supervisión. La tecnología puede ayudar a organizar información o agilizar determinadas tareas, siempre que no desplace la valoración clínica ni la atención personal.

El uso de estas herramientas no se limita a los pacientes. Más del 75% de los psiquiatras y el 42% de los psicólogos participantes en la encuesta aseguran utilizar soluciones de inteligencia artificial para automatizar tareas administrativas y reducir la carga burocrática.

El objetivo, según los datos del estudio, es liberar tiempo para dedicarlo a la atención directa. Esta aplicación de la tecnología contrasta con los riesgos asociados a utilizar chatbots como sustitutos de la evaluación profesional.

La cuestión, por tanto, no es únicamente cuánto se utiliza la inteligencia artificial en salud mental, sino para qué se emplea y bajo qué garantías. Mientras su presencia crece tanto entre pacientes como entre profesionales, los especialistas insisten en que la información generada por un algoritmo no equivale a un diagnóstico y que las decisiones clínicas requieren supervisión y responsabilidad sanitaria.

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