La artritis durante la infancia y la adolescencia puede tener consecuencias que van más allá del dolor, la inflamación o la rigidez de las articulaciones. La reumatóloga del Hospital Universitari de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona Berta Magallares ha destacado que la enfermedad también puede influir en la actividad física, la salud de los huesos, el bienestar emocional y la vida escolar.
Durante una jornada dedicada a pacientes con Artritis Idiopática Juvenil (AIJ) y sus familias, la especialista ha incidido en la importancia de mantener a los menores activos. El ejercicio durante el crecimiento contribuye al desarrollo de unos huesos fuertes y, en estos pacientes, debe adaptarse a sus posibilidades para evitar que la enfermedad termine favoreciendo el sedentarismo. Además, practicar actividad física puede ayudar a relacionarse con otros niños y aportar una mayor sensación de normalidad.
Los expertos también han puesto el foco en la alimentación, especialmente en garantizar un aporte adecuado de calcio, proteínas y vitamina D.
El acompañamiento emocional cobra especial importancia durante la adolescencia. A medida que crecen, los jóvenes deben ganar autonomía, conocer mejor su enfermedad y participar progresivamente en las decisiones sobre su tratamiento, sin permitir que la artritis termine condicionando todos los ámbitos de su vida.