Todos nacemos con hipermetropía, en torno a cuatro dioptrías. En la mayoría de los casos desaparece entre los 6 y los 8 años, cuando el ojo termina de desarrollarse.
En otras personas el defecto permanece y puede pasar inadvertido durante décadas. Según el último Estudio de la Visión en España, elaborado por Baviera, afecta al 17% de los españoles mayores de 18 años.
La doctora María Larrañaga, oftalmóloga de Baviera Madrid, lo ha recordado con motivo del Día Mundial de la Visión, que se celebra el próximo 8 de octubre.
La hipermetropía se produce cuando el globo ocular es más corto de lo normal o la córnea tiene poca curvatura. Puede estar presente desde edades tempranas.
Larrañaga explica que pasa desapercibida sobre todo si es leve, «porque la visión a distancia es buena y la cercana se compensa con la acomodación». El ojo, en otras palabras, corrige el problema por su cuenta.
Con los años, esa capacidad de acomodación disminuye. Entonces aparecen o se intensifican la fatiga visual, los dolores de cabeza y la dificultad para leer y enfocar. En ese momento, el defecto deja de estar oculto.
El problema es que muchas personas no relacionan esos síntomas con la vista. La especialista advierte de que se normaliza el cansancio visual, los dolores de cabeza e incluso los problemas escolares.
En realidad, según Larrañaga, «el ojo está realizando un sobreesfuerzo constante para enfocar». Detectarlo a tiempo permite mejorar la comodidad visual en el día a día.
A partir de los 40 o 45 años aparece otra situación frecuente, la presbicia o vista cansada. El cristalino pierde elasticidad y cuesta cada vez más enfocar objetos próximos.
Según el estudio de Baviera, cerca del 60% de los mayores de 40 años la presenta. La edad media de aparición se sitúa en los 48 años.
Uno de sus signos más reconocibles, apunta Larrañaga, es alejar el móvil o un libro para poder leer. También puede hacer falta más luz para las tareas de cerca, o aparecer fatiga visual y dolor de cabeza.
La presbicia no se puede prevenir, porque forma parte del envejecimiento natural del ojo. Sí puede corregirse con opciones ópticas o quirúrgicas.
Ambos problemas pueden coexistir a partir de los 40 años. De hecho, las personas con hipermetropía suelen notar los síntomas de la presbicia antes que las miopes o las que no tienen ningún defecto visual.
El primer paso, según la oftalmóloga, es un examen oftalmológico completo. Permite identificar el origen de las dificultades para ver de cerca y elegir la mejor forma de corregirlas.
Tanto la hipermetropía como la presbicia pueden tratarse con gafas o lentes de contacto. También pueden corregirse con cirugía.
En la hipermetropía, la opción más habitual es la cirugía refractiva con láser, que modifica la curvatura de la córnea para que el ojo enfoque bien. En la presbicia, lo más frecuente es sustituir el cristalino por una lente intraocular multifocal, que permite enfocar a distintas distancias.
La técnica concreta depende de la edad, la graduación y las características del ojo de cada paciente. Larrañaga la define como una elección que debe hacerse tras una valoración individualizada, y resume que son «intervenciones eficaces, seguras e indoloras, con una rápida recuperación».