El estrés prolongado puede manifestarse de varias formas en el organismo. Expertos de Sanitas señalan la irritabilidad, los problemas de sueño y la tensión muscular como síntomas habituales.
También puede dificultar la desconexión al terminar la jornada laboral. Según los especialistas, este malestar se acumula de forma progresiva cuando no se gestiona adecuadamente.
El estrés sostenido tiene además reflejo en la salud bucodental. Puede favorecer hábitos como apretar la mandíbula o rechinar los dientes durante el descanso.
«Muchas personas no son conscientes de que aprietan los dientes hasta que empiezan a levantarse con la mandíbula cansada», explicó el odontólogo de Sanitas Dental Antonio Longo. Señaló también el dolor en las sienes como un síntoma habitual.
Longo advirtió que esa tensión mantenida durante semanas obliga a la musculatura a trabajar incluso en momentos de descanso. Esto puede provocar desgaste dental, recesiones gingivales o molestias en la articulación de la mandíbula.
Según el Estudio Sanitas de Salud Bucodental 2026, el 60% de los españoles afirma que su nivel de estrés ha aumentado en el último año. Los especialistas insisten en que la carga psicológica depende más de cómo se encadenan las responsabilidades que de su número total.
«La sensación de agotamiento puede aumentar cuando se acumulan pequeñas demandas y asuntos pendientes que continúan ocupando nuestra atención», subrayó la psicóloga de Blua de Sanitas Carla Álvarez. Puso como ejemplo contestar un correo mientras se recuerda una cita pendiente.
Según Álvarez, revisar mensajes de trabajo durante el tiempo personal también contribuye a este desgaste. Cambiar repetidamente el foco de atención dificulta tanto la desconexión como la recuperación mental.
Ante esta situación, los expertos de Sanitas proponen varias pautas sencillas. Reservar unos minutos entre una obligación y la siguiente ayuda a suavizar esa sensación de encadenar tareas sin descanso.
Anotar las cuestiones pendientes y decidir cuándo se retomarán también reduce la necesidad de mantenerlas constantemente presentes. Dedicar unos minutos a esto antes de acabar la jornada puede facilitar la desconexión posterior.
Los especialistas recomiendan además introducir un pequeño cambio de contexto antes de asumir las obligaciones domésticas. Guardar el móvil unos minutos o ducharse al llegar a casa puede marcar simbólicamente el cierre de una fase del día.
Por último, aconsejan incorporar un paseo breve a la rutina diaria. Este hábito permite introducir movimiento físico y alejarse temporalmente del entorno donde se concentran las obligaciones.
Álvarez advirtió que, si el estrés se prolonga en el tiempo o interfiere en el descanso, el trabajo o la vida cotidiana, conviene consultar con un especialista. Una valoración permite identificar qué factores están contribuyendo al malestar.
«Una valoración, ya sea presencial o a través de videoconsulta, permite identificar qué factores pueden estar contribuyendo al malestar y trabajar estrategias adaptadas a las necesidades de cada persona», concluyó la psicóloga.