Pedro Sánchez acudió este viernes al John F. Kennedy Jr. Forum de Harvard con la intención de reforzar su perfil internacional y defender su cruzada contra los llamados «tecnooligarcas». En su intervención alertó del poder de las grandes tecnológicas y de unos algoritmos que, según afirmó, están diseñados para «esclavizarnos» y distorsionar el debate público.
El presidente presentó a España como un «laboratorio» para regular la inteligencia artificial y lanzó a los estudiantes una advertencia sobre el poder económico de los grandes empresarios tecnológicos: «No dejéis que os cieguen con su dinero». Sin embargo, el turno de preguntas desplazó rápidamente el foco hacia la política española y, especialmente, hacia los casos judiciales relacionados con su entorno familiar y su Gobierno.
Uno de los estudiantes preguntó a Sánchez por las causas que afectan a su esposa, Begoña Gómez, a su hermano y al ex fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz. El presidente admitió que ha habido casos de corrupción en su Gobierno y en su partido y defendió que, cuando estos se producen, el Ejecutivo debe responder. Sin embargo, estableció una clara distinción entre esos casos y las causas que afectan a su esposa y a su hermano.
Sánchez rechazó que estas últimas puedan calificarse como casos de corrupción o escándalos y las situó en un terreno diferente. «Esos no son casos de corrupción ni escándalos. Esos son otros asuntos», afirmó, antes de acusar a la oposición y a determinadas asociaciones de «extrema derecha» de haber cruzado «ciertas líneas rojas». El presidente también reprochó al estudiante que diera por culpables a su esposa y a su hermano y calificó esas acusaciones de «política sucia», insistiendo en que «no lo son».
La cuestión internacional llegó después con Pegasus y el cambio de posición de España sobre el Sáhara Occidental. Sánchez confirmó que su teléfono y el de varios ministros fueron espiados, aunque aseguró que se desconoce quién realizó el ataque. Defendió además que sus decisiones sobre el Sáhara responden al interés español y recordó que España no reconoció los resultados electorales de Nicolás Maduro.
La última pregunta puso sobre la mesa la situación de Venezuela y la relación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero con ese país. Sánchez defendió la acogida de venezolanos y reclamó elecciones libres, pero no hizo referencia a Zapatero. Así, la conferencia que pretendía situar en primer plano la lucha contra el poder de las grandes tecnológicas terminó marcada por preguntas sobre corrupción, causas judiciales, espionaje y política exterior.