Dar menos pasos al día, pero a un ritmo más rápido, podría reducir el riesgo de muerte prematura. El efecto sería similar al de caminar más pasos a un ritmo más lento. Así lo sugiere un estudio de la Universidad de Monash (Australia), publicado en la revista científica British Journal of Sports Medicine.
Los investigadores analizaron datos de 103.684 personas de mediana edad procedentes del Biobanco del Reino Unido (UK Biobank). Los participantes llevaron un monitor de actividad durante siete días consecutivos, entre 2013 y 2015. El dispositivo registró el número y la intensidad de sus pasos diarios.
El número de pasos se dividió en cuatro categorías: entre 0 y 5.000, entre 5.000 y 7.500, entre 7.500 y 10.000, y más de 10.000 pasos al día. También se midió la cadencia máxima sostenida durante la media hora más activa de cada persona.
El equipo hizo un seguimiento posterior de las muertes por cualquier causa y por enfermedad cardiovascular hasta finales de noviembre de 2022. El análisis incluyó a 64.743 personas para la mortalidad por cualquier causa y a 70.075 para la mortalidad cardiovascular. Durante un seguimiento medio de unos ocho años, murieron 1.697 personas por cualquier causa y 502 por enfermedad cardiovascular.
El hallazgo central del estudio es que distintas combinaciones de número de pasos y ritmo se asociaron con un menor riesgo de muerte. Quienes caminaban a un ritmo más rápido —al menos 80 pasos por minuto— pero daban menos de 5.000 pasos diarios registraron un riesgo sustancialmente menor.
Ese riesgo fue similar al de las personas que daban entre 5.000 y 7.500 pasos diarios. Lo hacían, eso sí, a un ritmo más lento, de unos 60 pasos por minuto. Según los investigadores, una mayor intensidad con menor volumen de pasos podría aportar beneficios comparables a los de una menor intensidad con mayor volumen.
Mantener un ritmo más rápido durante al menos 30 minutos al día se asoció con un riesgo progresivamente menor de muerte por cualquier causa. Este efecto se observó, sobre todo, entre quienes acumulaban menos de 7.500 pasos diarios.
Dar entre 7.500 y 10.000 pasos al día se asoció con el menor riesgo de muerte prematura, con independencia del ritmo al que se caminara. Aun así, mantener un ritmo más rápido durante al menos media hora diaria también se relacionó con un menor riesgo de muerte prematura. Esto ocurrió independientemente del número total de pasos. Los investigadores observaron resultados similares al analizar el riesgo específico de muerte por enfermedad cardiovascular.
Se trata de un estudio observacional. Por ello, no puede establecer una relación de causa y efecto entre el ritmo de los pasos y el riesgo de muerte. Los propios investigadores señalan esta limitación en sus conclusiones.
Aun con esa cautela, consideran que los resultados podrían ser especialmente útiles para algunos colectivos. Entre ellos, quienes no disponen de tiempo suficiente para dar un número elevado de pasos diarios. También quienes, por limitaciones físicas o del entorno, tienen dificultades para hacerlo.
Según el equipo de Monash, estos hallazgos podrían servir de base para futuras intervenciones centradas en los pasos diarios. Irían dirigidas, en particular, a personas de mediana edad y mayores. En concreto, a quienes tienen dificultades para aumentar su número de pasos o la intensidad de su actividad física.