La sensibilidad dental afecta a casi el 40% de los españoles, convirtiéndose en una de las molestias más comunes. Expertas de Sanitas señalan que, aunque la temperatura no es la causa directa, actúa como detonante cuando el esmalte está desgastado o la encía retraída, dejando la dentina expuesta a estímulos externos. Por ello, el verano representa un periodo crítico debido al consumo frecuente de bebidas frías, helados y los cambios bruscos de temperatura ambiental.
Para prevenir estas punzadas, es fundamental cuidar nuestros hábitos alimenticios. Las doctoras Victoria Cartaya y Miriam Piqueras recomiendan limitar la frecuencia de bebidas ácidas (como refrescos o zumos cítricos), beber agua después de ingerirlas y esperar al menos 30 minutos antes de cepillarse para no erosionar más el esmalte. Asimismo, advierten que alternar comidas muy calientes con bebidas extremadamente frías puede favorecer la aparición de microfisuras y aumentar la respuesta dolorosa.
En cuanto a la higiene diaria, es vital utilizar cepillos de filamentos suaves y pastas fluoradas, asegurándose de emplear una técnica de cepillado correcta. Igualmente, las especialistas subrayan la importancia de no iniciar tratamientos de blanqueamiento dental sin una valoración profesional previa, ya que el uso inadecuado de estos productos puede irritar gravemente las encías y agudizar la sensibilidad. Ante cualquier molestia súbita o localizada, la consulta con el odontólogo es imprescindible.
Este cuidado cobra especial relevancia en las personas mayores, quienes pueden presentar encías retraídas, mayor desgaste o sequedad bucal, lo que les hace más vulnerables. Es fundamental no asumir que la sensibilidad es un síntoma inevitable de la edad; a menudo, puede ser una señal de alerta de caries radiculares o cambios que requieren atención médica. Detectar estos problemas a tiempo es clave para ajustar la higiene, revisar tratamientos existentes y evitar que la molestia afecte a la alimentación o a la calidad de vida diaria.
Finalmente, la buena noticia es que la sensibilidad dental tiene tratamiento siempre que se identifique su causa raíz. En casos leves, el uso de pastas desensibilizantes o aplicaciones profesionales de flúor suelen ser suficientes; en situaciones más complejas, será necesario abordar fisuras, caries o restauraciones deterioradas. Realizar revisiones periódicas, ya sea de forma presencial o mediante videoconsulta, permite distinguir una molestia pasajera de un problema que exige un abordaje clínico específico.