El verano de Ginesa, una mujer de 80 años independiente y activa, se ha truncado de la manera más cruel. Lo que debía ser una tranquila velada junto al Mar Menor terminó en una pesadilla cuando, al regresar a su apartamento en Santiago de la Ribera, en Murcia, fue abordada por la espalda por un joven que la lanzó contra el suelo con una violencia extrema. «Me tiraron del bolso y lo siguiente que recuerdo es despertarme en el hospital», relata la víctima a El Español.
Al ser interceptada, Ginesa solo portaba un bolso de hilo que contenía un inhalador y las llaves de su vivienda, ya que había dejado el dinero en casa. «En el bolso no llevaba nada. Eso es lo peor. Me ha hecho todo esto en la cara, para nada», lamenta la anciana, quien confiesa haber tenido que llamar a su casero para alertarle de la situación por si resultaba necesario cambiar la cerradura.
El diagnóstico médico tras el traslado al Hospital Virgen de la Arrixaca es demoledor: la octogenaria presenta una fractura orbitaria bilateral y múltiples contusiones que han provocado que, a día de hoy, sufra visión doble. «Me siento muy mal cuando me veo la cara», confiesa con tristeza. Para Ginesa, el trauma va más allá de lo físico, pues asegura que, tras 72 horas conviviendo con el miedo, lo que más le aterra es la posibilidad de tener que someterse a una intervención quirúrgica: «Temo que me tengan que operar».
María Jesús, hija de la víctima, ha dejado sus obligaciones en Gijón para permanecer al lado de su madre. Indignada ante la desproporción del ataque, denuncia la crueldad gratuita del autor: «Era completamente innecesario emplear esa violencia contra una mujer de 80 años». La familia, que ya se prepara para personarse como acusación particular, subraya que el agresor no solo se cebó físicamente con ella, sino que durante el forcejeo llegó a romperle la ropa, agravando un estado de shock del que aún intenta recuperarse.
Más allá del suceso, la víctima es una mujer de una trayectoria vital admirable. Trabajadora técnica de laboratorio en el mismo hospital donde ahora se recupera, Ginesa es una apasionada de la pintura, la poesía y miembro activo de la Coral Atardecer, con la que incluso participa en actuaciones altruistas en la prisión de Sangonera la Verde. Esta rutina de vacaciones que disfrutaba desde hace un lustro en la costa murciana ha sido sustituida ahora por un amargo sentimiento: «Me han robado vida, pero no me han quitado nada material».
Mientras tanto, la Guardia Civil mantiene el cerco sobre el sospechoso. Gracias a las cámaras de seguridad y al testimonio de dos testigos presenciales, los investigadores buscan a un joven de unos 20 años, de complexión delgada y origen magrebí, que vestía ropa oscura durante el ataque. Los agentes trabajan a contrarreloj para identificar a este individuo, cuya brutalidad ha conmocionado a toda la localidad, mientras Ginesa intenta, poco a poco, recomponerse de las secuelas físicas y emocionales de una noche que nunca olvidará