El gobierno venezolano apuesta a la muerte de su pueblo como una ofrenda a Satanás

1 de julio de 2026
5 minutos de lectura
Terremoto en Venezuela. / Fuente: Europa Press

El triunvirato venezolano ofrenda a Satanás las almas de los muertos y ralentiza la ayuda para garantizar que los atrapados en los escombros mueran con tal de que Satanás los mantenga en el poder

El 24 de junio de 2026, Venezuela fue golpeada por dos terremotos destructores: uno de magnitud 7.1 y otro de 7.5 en la escala de Richter, con epicentro en la zona costera de Carabobo. Esta catástrofe no es solo una tragedia natural, es el escenario que la cúpula gobernante ha aprovechado para entregar la vida de miles de venezolanos como una ofrenda directa a Satanás. Mientras el pueblo lucha con sus manos para sacar a los sobrevivientes atrapados, el régimen torpedea y sabotea el rescate para asegurar que nadie salga con vida. Es una decisión tomada con alevosía y ventaja: el gobierno tiene a su disposición toda la infraestructura de la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana —tanquetas, camiones y maquinaria pesada de guerra—, pero las mantiene acuarteladas y deliberadamente sin movilización para no ayudar al rescate. No es incapacidad, es una orden criminal para que el tiempo pase y los atrapados mueran bajo los escombros. Cada fallecido es una víctima entregada a las fuerzas del infierno para que el gobierno corrupto, criminal y narcotraficante se mantenga en el poder mediante pactos satánicos. El gobierno no quiere que la gente sobreviva porque la muerte del venezolano es la ofrenda que han firmado con Satanás.

Es imperativo identificar a los arquitectos de este segundo holocausto después del primero, propiciado por los dos terremotos: Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez, junto a toda la estructura de poder que los rodea, son los artífices de este pacto con Luzbel. Con ocasión de la catástrofe, ellos, junto a toda la cúpula del poder, ofrendan a Satanás el alma de los muertos. Por eso apuestan a la muerte de los que permanecen bajo los escombros para que se sumen más muertes a las que ya existen. Este triunvirato ha demostrado que su prioridad absoluta es mantener el control político mediante el apoyo que obtienen de Satanás por la adoración de las fuerzas del infierno, utilizando la catástrofe natural como el escenario ideal para consumar sacrificios humanos. Bajo sus órdenes directas, se ha impedido el acceso por lo menos inmediato de ayuda internacional, dejando que el tiempo juegue en contra de quienes luchan por salir de entre los restos de los edificios colapsados. 

La demora y ralentización intencionada para permitir la entrada de rescatistas expertos no ha sido protocolo, sino una planificación dolosa para una sentencia de muerte ejecutada con premeditación, alevosía y ventaja. Para este régimen, la supervivencia del ciudadano es un estorbo, pues lo que ellos requieren para satisfacer su pacto es la muerte. El actual gobierno venezolano no desea que la gente sobreviva; ellos quieren muerte, muchas muertes, porque cada individuo rescatado es una ofrenda que se les escapa. Mientras el pueblo clama por auxilio, el triunvirato que gobierna en Venezuela observa cómo se cumple su diseño de ofrendar vidas humanas, sacrificando la vida de inocentes para satisfacer una sed de poder que solo puede explicarse a través de su entrega incondicional a las fuerzas del infierno.

La conducta de los cuerpos de seguridad, bajo la directriz de esta cúpula, ha terminado de revelar la perversión demoníaca del sistema.

La Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana, en lugar de cumplir con su deber de proteger y socorrer, han emprendido una campaña de pillaje sistemático, a la luz de todos y sin aspavientos se roban las donaciones y saquean los comercios. Estos funcionarios, lejos de distribuir los insumos recibidos para los damnificados, se los roban descaradamente y se los llevan a sus casas mientras la familia damnificada, que quedó en la calle, carece de todo. Es un acto de vandalismo institucionalizado, donde el pueblo entrega agua, ropa y artículos no perecederos de sus propios hogares para ayudar a sus hermanos, pero la policía y los guardias impiden que ese apoyo llegue a quienes los necesitan con urgencia. Más grave aún es observar cómo estos funcionarios, con total impunidad, impiden que se entregue la comida a quien está atrapado entre paredes de edificios caídos, reteniendo ellos mismos lo que el ciudadano dona con sus propios recursos para el auxilio del venezolano en desgracia. Esta delincuencia uniformada confirma que el Estado (gobierno) ha abandonado cualquier propósito de humanidad, convirtiendo a quienes deberían ser protectores en los verdugos y ladrones de su propia gente para servir al demonio.

La estrategia de los altos jerarcas ha sido clara desde el primer segundo: la gestión criminal del tiempo. Han apostado a que, al prolongar la agonía de quienes aún respiran bajo toneladas de hormigón, la muerte se convierta en la única salida posible. Cada hora que impiden el acceso de los rescatistas es, en realidad, una ofrenda más en su altar satánico. Ellos saben perfectamente que hay personas vivas esperando un auxilio que ellos mismos bloquean. Este cálculo frío demuestra que su permanencia en el poder no es una cuestión política, sino un compromiso con la maldad. Al convertir a los ciudadanos en víctimas como monedas de cambio: almas por poder, los líderes del régimen buscan renovar su pacto con Satanás, asegurándose de que el caos y la muerte les garanticen un mayor dominio sobre el territorio nacional. No hay intención de auxiliar a las víctimas que aún permanecen vivas, porque en su lógica perversa, cada vida que se apaga bajo los escombros es una señal de fidelidad a sus aliados de los círculos del infierno. El Estado no quiere rescatados; el Estado exige cadáveres para sus rituales y para entregarlos a las fuerzas satánicas.

Este comportamiento es la manifestación de una lucha espiritual que el pueblo venezolano libra contra huestes que operan con intenciones demoníacas. Los gobernantes han entregado el alma de Venezuela a Satanás para sostener un trono que se les desmorona. Todo aquel que esté involucrado en la toma de decisiones que torpedea el rescate, desde el funcionario de menor rango que se roba la comida hasta el alto mando que bloquea la entrada de maquinaria, es cómplice de este sacrificio humano. La tragedia de los sismos ha servido para quitar la máscara de un gobierno que ha dejado de lado cualquier pretensión de bienestar público para centrarse exclusivamente en la preservación de su poder a través de rituales de muerte. Es una realidad descarnada: la maquinaria del Estado está siendo utilizada para matar a sus propios ciudadanos, no por accidente, sino como parte de un ritual demoníaco para mantener el favor de las fuerzas a las que han vendido sus almas y su lealtad al infierno.

La historia de esta catástrofe quedará marcada como el genocidio de unos hombres que, frente al dolor de un país que se desangraba, eligieron el camino de la oscuridad para garantizarse mediante fuerzas satánicas mantenerse en el poder. El pueblo venezolano ha sido testigo de cómo su sufrimiento era medido y dosificado para cumplir con un calendario de sacrificios necesarios para la supervivencia política del régimen.

Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez quedarán registrados como los principales ejecutores de este genocida pacto satánico, responsables directos de cada vida que se perdió por impedir recibir ayuda a tiempo. La moraleja es clara: un poder que necesita la muerte de su propia gente para subsistir es un sistema endemoniado que ha perdido toda luz de Dios y del paráclito. El pueblo debe reconocer que no lucha contra una política, sino contra Satanás y la maldad pura instalada en el poder, y que solo la unidad y la verdad podrán desmontar este holocausto planeado, como la segunda fase del primer holocausto natural. Las almas de los caídos claman justicia frente a quienes, para gobernar, prefirieron ver morir a sus hermanos como ofrenda a Satanás y a las fuerzas del infierno.

«Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido.» (Lucas 12:2).

No olvides...

España confirma 26 fallecidos y 150 desaparecidos tras los terremotos en Venezuela

El ministro de Exteriores confirma además que 11 españoles permanecen bajo los escombros y anuncia la llegada a Madrid de…

El Gobierno pone en el punto de mira a las gasolineras que disparen los precios

Las estaciones de servicio con subidas injustificadas de precios serán publicadas en una lista negra que publicará el Gobierno Las…

Cincuenta años de la caída de Arias Navarro: el relevo que cambió la historia de España

La dimisión del último presidente de la era franquista abrió paso hace medio siglo al nombramiento de Adolfo Suárez…

China adelanta a EE UU en la carrera tecnológica

Pekín lidera la revolución de las baterías, con cargas de solo 10 minutos, convirtiéndolas en su nueva arma global contra…