Dos países del flanco oriental de la OTAN han advertido de que Rusia podría estar preparando posibles acciones provocadoras en la región de los países bálticos o en Polonia. Según estas alertas, el objetivo sería poner a prueba la unidad y la capacidad de respuesta de la Alianza Atlántica.
Fuentes occidentales también comparten la preocupación de que Moscú pueda estar estudiando este tipo de movimientos, en un contexto de presión creciente por la campaña de ataques a larga distancia que Ucrania está llevando a cabo contra objetivos en territorio ruso, incluidos Moscú y San Petersburgo.
Los servicios de inteligencia de Letonia han señalado que existen indicios de preparativos para posibles provocaciones militares contra países bálticos o Polonia, aunque aclaran que no se trataría de una ofensiva convencional a gran escala.
En la misma línea, una fuente de otro país de la OTAN ha apuntado recientemente a información que sugiere que el Kremlin podría estar valorando acciones para medir la reacción de Estados Unidos y del resto de aliados, especialmente en relación con los miembros más pequeños de la Alianza.
Estas acciones no implicarían necesariamente una guerra abierta, sino más bien posibles ataques limitados o tácticas híbridas, como el uso de drones, misiles u otras operaciones destinadas a presionar políticamente a los países de la región y reducir su apoyo a Ucrania.
Sin embargo, las fuentes consultadas subrayan que estas advertencias no cuentan con el mismo nivel de detalle que las emitidas antes de la invasión de Ucrania en 2022.
Mientras tanto, la situación en el frente ucraniano continúa estancada, lo que podría llevar a Rusia a buscar nuevas formas de influir en el conflicto o en la estabilidad regional.
Expertos en seguridad internacional advierten de que Moscú podría intentar alterar el equilibrio actual mediante la extensión del conflicto a otros escenarios o mediante acciones indirectas fuera de Ucrania.
Por su parte, Ucrania ha incrementado su capacidad de ataques de largo alcance con drones, alcanzando objetivos en el interior de Rusia. Estas operaciones han generado preocupación en Moscú, especialmente por su impacto en infraestructuras sensibles.
Algunos analistas militares occidentales advierten de que el momento actual es especialmente delicado, ya que cualquier escalada podría tener consecuencias imprevisibles.