Dicen quienes le conocen bien que, ante la contrariedad, Pedro Sánchez, que se ve todopoderoso, enloquece, da voces, tira cosas y amenaza… De modosito, nada. Y es tanta la tensión que genera en esos momentos que, muchas veces, lleva a sus ministros/adlateres hasta a delinquir.
Es una cadena. De arriba abajo.
Y si hay alguno cuerdo, o se esconde, como Margarita Robles, y no sale a aplaudirle, peligra su sillón.
Cuando él se enoja, y la decisión del juez Peinado de decomisar los pasaportes a su mujer, Begoña, le ha medio trastornado, todos se mueven. Temen sus arbitrariedades. Y ahora está que trina.
El problema es que sus truenos mentales caen hacia abajo. Y exige la devolución de favores.
Sánchez, el one, no puede consentir que Peinado quitase los pasaportes a su Begoña (hoy sin falta deberá entregárselos al juez Peinado) sin que pasase nada. Sin exhibir su poder. Él es el presidente del Gobierno, se dice así mismo.
Y es el momento de exigir la devolución de favores a los agraciados. Sánchez, que ayer se despejaba dando consejos sobre bronceado estival (sí, como lo leen, con la que está cayendo, y la que queda…) arrastró a Bolaños y a Robles a forzar a Isabel Perelló, presidenta del Tribunal Supremo y del Consejo del Poder Judicial, a casi prevaricar, a actuar a sabiendas de que es injusto.
La presidenta del Consejo y del Supremo sabe que cualquier desconsideración contenida en un auto, si es que la hubiera, es un asunto exclusivamente jurisdiccional. Y punto. Solo la Audiencia de Madrid lo puede corregir mediante recurso.
Margarita Robles se ofreció a llamar a su amiga la presidenta Isabel Perelló. Y lo hizo. Robles la propuso para el puesto. Se lo debe. También la llamó el ministro de Justicia, Bolaños, que fue el que definitivamente la puso ahí.
¡Cómo pondrían la cabeza a Perelló, cuan gorda sería la tasa de locura acumulada de Sánchez, que, al día siguiente, domingo, algo inédito, a través de Internet, convocó a los otros siete miembros de la Comisión Permanente para una reunión extraordinaria en la que expedientar al juez .
Todo por una simple frase que introdujo en su auto sobre la eventualidad de que los propios escoltas policiales de Begoña, la pudiesen ayudar a huir. Lo que justificaría la retirada del pasaporte.
Lo hecho por Perelló, se supone que desesperada por las presiones de sus mentores, no tiene ninguna explicación jurídica e hizo algo casi inédito.
Como estaban empatados, 4 vocales progres y 4 conservadores, Perelló empleó su voto de calidad como presidenta para desempatar e imponer que se enviase la frasecita de Peinado (que, bien pensado, no es descabellada tal como están las cosas, y más viendo a Puigdemont franquear la frontera como Pedro por su casa) al departamento del Consejo que tramita las faltas contra los jueces.
Había que alegrar el rictus cabreado de Sánchez a cualquier precio. Era el tiempo de devolver favores.
Isabel Perelló sabe, y Margarita, y quizás Bolaños, que solo un tribunal superior al juez, esto es, la Audiencia de Madrid, tiene facultad para corregir a un juez inferior y, en su caso, demandar al Consejo su intervención si aprecia cualquier irregularidad.
El Consejo, no.
La frase de Peinado, en un auto de 80 folios, puede ser más o menos afortunada, la Audiencia lo dirá, o no dirá nada, pues comentarios exagerados de una u otra índole son frecuentes en multitud de resoluciones judiciales. Y no pasa nada.
Todo fue un paripé real y alocado donde el objetivo solo era demostrar a Sánchez que los cargos colocados del partido responderían ipso facto a su ira contra Peinado. Tampoco sucederá nada, pero lo que Perello forzó, forzada por sus mentores, se acerca al tipo penal de la prevaricación.
Y es que la decisiones de Sánchez han llevado al delito a sus subordinados. Fue él, según Aldama, que lo escuchó, estaba allí, fue Sánchez quien ordenó a Ábalos que facilitara si o sí los 52 millones que se llevó la compañía aérea Plus Ultra, de la que salió un jugoso reparto de comisiones en parte acaparados, supuestamente, por Zapatero. Que ya no viaja a Venezuela…
Sabe que en los aeropuertos le espera la DEA de EE UU para arrestarlo tipo Maduro.
Al fiscal general, por orden suya tras su obsesión por Ayuso, lo destrozó. Otra víctima más. Terminó condenado. Delinquió para hacerle el gusto a Sánchez apretándole las tuercas desde la Fiscalía a la pareja de su ogro Ayuso, y filtrar diligencias. Es otra víctima.
A su hermano lo colocó de músico en la Diputación de Badajoz y ya se sabe cómo ha acabado: pronto se sabrá la sentencia. A su mujer no tuvo que forzarla al delito. Ella solita se paseó por él, pero siempre bajo su subrepticia sombra.
El recelo hacia Sánchez en la calle está creciendo en proporción a su cerrazón a irse de La Moncloa cuando el lodo se está llevado por delante a su núcleo de confianza, Ábalos, Cerdán, Zapatero…, y la caída de Zapatero es la antesala de la suya.
Posdata. Hoy tiene que entregar Begoña todos sus pasaportes, todos, al juez. Ya en una ocasión el juez le pidió, en una acción judicial de diferente calado al de ahora, que entregase su pasaporte para verlo. Begoña se negó. No le dio nada. Ahora sí tendrá que hacerlo, o puede acabar en la cárcel.
Quizás nunca ha querido mostrar su pasaporte para que el juez Peinado no vea a qué países, qué días y cuántas veces ha salido de España. ¡Veremos cuántos viajes en avión oficial ha hecho al paraíso fiscal de la República Dominicana!
Aldama, tras evitar la cárcel gracias a su colaboración contra la trama corrupta, asegura que Zapatero y Sánchez van a acabar en la cárcel.
El ministro Óscar Puente, y alguna que otra ministra esporádica, es el encargado del apartado tonterías del enloquecimiento de Sánchez.