Me comentaba un padre carmelita descalzo, amigo de doña Dolores Rivas Cherif, esposa del expresidente Azaña, que al final su esposo, llamado en tiempos “martillo de católicos” y bien amado por aquel grupo de mejicanos ateos, murió en la fe católica gracias a que el obispo Pedro María Théas le encauzó al arrepentimiento. Sobre su lápida en el cementerio francés una cruz bien grande señala su transformación.
Otro carmelita descalzo, de escaso reconocimiento por sus propios hermanos de hábito, había sido testigo y parte de que al general Perón se le levantase la excomunión habida por la quema de iglesias en su segundo mandato y otras “benevolencias”, como también sucedió aquí en tiempos de la vitoreada Segunda República.
El arzobispo de La Plata, amigo del mandatario y del carmelita, se presentaron en Roma con “argumentos” suficientes como para conseguir la absolución peronista.
…Al final, todos estos tiratapias y quemaiglesias terminan siendo perdonados por los ofendidos. Es una cuestión de análisis. Alguna vez aprenderán.