La presidenta de México, la comunista Claudia Sheinbaum, no intuyó que sus machaques mañaneros exigiendo a España perdón por lo que ella llama colonialismo tendría un efecto adverso, inesperado.
Quería cargarse el hispanismo y puso a parir a España tirando de la leyenda negra que ingleses y franceses endosaron por envidia a su homónimo europeo. No podían asumir el poderío mundial alcanzado por la corona española.
E inventaron hechos que en realidad eran los que ellos habían cometido en los países que colonizaron, exterminio. España fue mestizaje pleno y respeto a los indígenas, salvo las lógicas batallas iniciales que suceden en la creación de un imperio.
Cuando en marzo de 2026, aprovechó una visita del rey Felipe VI para volver a reclamar públicamente que España pidiese perdón por la conquista. Ella esperaba un respaldo.
Pero lo que en realidad ha hallado es una rebelión en las redes sociales que está acelerando uno de los fenómenos culturales más llamativos del momento: el resurgir del hispanismo entre mexicanos y el resto de países hispanos.
El rey respondió con diplomacia pero sin concesiones. Reconoció que hubo «abusos» en el proceso colonizador, pero dejó claro el límite: «No vamos a ir más allá».
La frase se viralizó en X y TikTok. Y con ella, una avalancha de memes, vídeos y manifiestos en defensa de la herencia española que desbordó cualquier previsión.
El historiador incómodo
La voz más incómoda para el Gobierno mexicano lleva acento del propio México. Juan Miguel Zunzunegui, escritor e historiador —doctor en humanidades y máster en materialismo histórico— se ha convertido en el azote más eficaz de la narrativa oficial.
Sus vídeos en YouTube acumulan millones y millones de visualizaciones y su tesis es tan provocadora como documentada: «Todo lo que México es hoy no existiría sin Hernán Cortés».
Así habla del siempre vituperado Cortés el historiador Zunzunegui, nacido en país cuyas escuelas se dedicaban a cultivar el antihispanismo esgrimiendo falsas leyendas y ocultando la aportación cultural y de todo tipo a la etapa gloriosa del gran México, en la llamada Nueva España.
Cuando Sheinbaum volvió a la carga, Zunzunegui fue tajante: «El rey no se ha disculpado, y ha hecho bien. Sheinbaum vive del rencor».
La frase circuló en decenas de miles de publicaciones. Para Zunzunegui, la leyenda negra no fue un relato español sino un invento de los criollos del siglo XIX, «con la mente manoseada por los ingleses», interesados en deslegitimar a España para ocupar su lugar imperial.
Ayuso echa gasolina
El debate se recalentó aún más con la visita a México de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. Su declaración —»México no existía hasta que llegaron los españoles»— fue dinamita pura.
Sheinbaum, obsesionada con ella, respondió con su frase más citada de las últimas semanas: «Quienes reivindican la conquista y a Hernán Cortés están destinados a la derrota». Las redes la recibieron con carcajadas: los hispanistas la convirtieron en meme instantáneo.
Libertad Digital tituló con sorna: «Sheinbaum vuelve a atacar a España en el Día de la Hispanidad y las redes sociales la dejan en ridículo». No era exageración. En X, los trending topics relacionados con hispanismo, hispanidad y Cortés se sucedieron durante días a ambos lados del Atlántico.
Un movimiento que lleva tiempo fraguándose
Lo que Sheinbaum ha conseguido, sin pretenderlo, es dar el empujón definitivo a un movimiento que ya llevaba años creciendo en silencio.
Cuentas como @hispanismo o @HispanismoC en Chile, plataformas como hispaunidad.com y decenas de canales de YouTube dedicados a reivindicar el legado español en América llevan años acumulando seguidores. La exigencia de perdón les ha dado el mejor argumento de reclutamiento imaginable.
La paradoja es mayúscula: una presidenta de izquierdas que se presenta como defensora de los pueblos originarios ha conseguido que miles de mexicanos —muchos de ellos, jóvenes— descubran o reivindiquen su ascendencia española.
En TikTok proliferan los vídeos de mexicanos presumiendo de apellidos castellanos, reproduciendo fragmentos de Bernal Díaz del Castillo o explicando por qué hablan español y no náhuatl.
La historia como campo de batalla
El fondo del debate es más serio de lo que los memes sugieren.
La conquista de México fue un proceso civilizador no exento de brotes de violencia, pero fue lo que permitió extinguir una práctica estremecedora que perpetraban los aztecas contra las tribus de su entorno en mesoamérica.
Los aztecas se comían el corazón de sus rivales. España acabó con ello. Se alió con las tribus que odiaban a los aztecas y les vencieron.
Lo que el fenómeno de las redes pone de manifiesto es que la instrumentalización política de ese pasado —convertir la historia en arma electoral— tiene un coste: genera el rechazo exactamente entre quienes se pretende movilizar.
Sheinbaum no ha logrado que España pida perdón. Ha conseguido, en cambio, que el hispanismo tenga más seguidores en México que hace un año.