España continúa siendo uno de los principales destinos para quienes buscan refugio y protección internacional dentro de la Unión Europea. Durante 2025, el país se situó como el tercer Estado miembro con mayor número de solicitudes de asilo, solo por detrás de Alemania y Francia. A pesar de ello, los datos reflejan una realidad que preocupa a organizaciones especializadas: el porcentaje de personas que finalmente obtienen protección internacional es considerablemente inferior al promedio europeo.
Según los datos analizados por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), más de 144.000 personas solicitaron protección internacional en España durante el pasado año. Aunque esta cifra representa un descenso respecto al ejercicio anterior, el volumen sigue siendo muy elevado. Sin embargo, únicamente un 11,2% de los solicitantes obtuvo algún tipo de protección, una tasa muy alejada de la media de la Unión Europea, que supera el 35%. Esta diferencia ha reabierto el debate sobre la eficacia del sistema de asilo y la necesidad de reforzar los mecanismos de acogida y protección.
Las personas que llegan a España en busca de refugio proceden principalmente de regiones afectadas por conflictos, crisis humanitarias o situaciones de violencia. Países de América Latina, África y Oriente Medio continúan siendo algunos de los principales lugares de origen de quienes buscan una nueva oportunidad en territorio europeo.
Organizaciones especializadas advierten de que la disminución de solicitudes no implica necesariamente una reducción de las necesidades de protección. Millones de personas continúan desplazándose forzosamente debido a guerras, persecuciones o vulneraciones de derechos fundamentales. Además, muchas rutas migratorias siguen siendo extremadamente peligrosas, con un elevado número de fallecidos y desaparecidos durante los trayectos.
CEAR insiste en la necesidad de fortalecer las vías legales y seguras, agilizar los procesos de reunificación familiar y garantizar una respuesta más eficaz para quienes necesitan protección. También reclama medidas contra el racismo, la xenofobia y los discursos de odio que afectan a las personas refugiadas.
El desafío para España pasa ahora por combinar la gestión migratoria con una protección internacional efectiva que permita responder a las necesidades humanitarias sin dejar de cumplir los compromisos adquiridos a nivel europeo e internacional.