El Papa León XIV ha acudido al Estadio Olímpico Lluís Companys de Barcelona antes de las 20:00 horas para ofrecer una vigilia de oración ante unos 40.000 fieles. El Papa ha hecho su entrada al recinto a bordo del papamóvil bajo una atmósfera de profunda emoción y al son del himno Alza la mirada. Durante su recorrido por el interior del estadio, rodeado de estrictas medidas de seguridad, León XIV bendijo a varios bebés y niños ante la conmovida mirada de la multitud, que corría de un lado a otro para no perder el rastro del vehículo.
Una vez en el escenario, el Pontífice fue homenajeado por los Castellers de Vilafranca del Penedès, quienes coronaron una torre humana, una de las tradiciones catalanas más antiguas y reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO.
El evento formal comenzó con la intervención del Cardenal Arzobispo Juan José Omella, quien expresó su alegría por la multitudinaria asistencia de fieles, exclamando: «Esta es la juventud del Papa. Juventud acumulada. Juventud de presente y futuro».
Omella recordó el legado olímpico del estadio en 1992 y vinculó ese espíritu con la próxima iluminación de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. Justo después, León XIV tomó la palabra ante una réplica de la Moreneta para invitar a la reflexión espiritual: «Hermanos y hermanas, acojamos la cruz. (…) Alcemos nuestra mirada ante aquel que, elevado sobre la tierra, nos lleva a todos en su corazón».
La vigilia continuó con un bloque dedicado a los testimonios y las preguntas de los ciudadanos. Ferran, un joven de la parroquia de la Sagrada Familia, planteó sus inquietudes sobre la presión de las redes sociales y la obsesión actual por el éxito. Ante esto, el Santo Padre lanzó una dura crítica social, alertando de que «la idolatría del beneficio y del rendimiento, el afán de tener que producir siempre y ser vencedores, así como el culto a la propia imagen» funcionan en realidad como «anestésicos para adormecer la conciencia y adaptarla a una cierta idea de sociedad».
El momento más sensible de la noche llegó con el testimonio de Carmina, una profesora de secundaria de L’Hospitalet de Llobregat que relató su dolorosa experiencia con la depresión y un intento de suicidio. El Papa se mostró visiblemente conmovido por sus palabras y calificó este padecimiento como «una enfermedad silenciosa».
En sus reflexiones finales, León XIV instó a los gobiernos a tomar conciencia sobre cómo la salud mental está bajo amenaza en el mundo actual y urgió la creación de «un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado» que golpea con especial dureza a la juventud