El consumo habitual de alcohol en España mantiene una tendencia a la baja, con una reducción general del 36 % entre 2006 y 2023 en las personas que beben al menos una vez por semana. El descenso más llamativo se registra entre los jóvenes de 15 a 24 años, un colectivo donde el hábito de consumo diario o semanal ha caído casi un 60 % en las últimas dos décadas.
A pesar de este retroceso en la rutina, el informe del Ministerio de Sanidad —basado en la última Encuesta de Salud de España— desvela una realidad preocupante: los episodios de consumo por atracón se han duplicado en la última década. Esta práctica, que consiste en ingerir grandes cantidades de alcohol en periodos de tiempo muy cortos, ya la admite el 16,7 % de la población.
El patrón de consumo ha cambiado de forma drástica y ahora el volumen medio de alcohol se concentra de forma masiva en los fines de semana, llegando a triplicar los niveles que se registran durante los días laborables. Además, este repunte de la ingesta intensiva ya no es exclusivo de los más jóvenes, sino que se ha desplazado de forma notable hacia los adultos de entre 25 y 64 años.
Los datos también reflejan una marcada brecha social y de género. Mientras que en los hombres el consumo de riesgo se concentra en personas desempleadas, jubiladas o con menor nivel educativo; en el caso de las mujeres, las tasas más elevadas de consumo intensivo se dan entre aquellas que tienen estudios superiores, están ocupadas y pertenecen a clases sociales más favorecidas.
Ante este escenario, en el que la cerveza sigue siendo la bebida reina y el vino resiste entre los mayores de 65 años, Sanidad insiste en la necesidad de reformular las políticas de salud pública. El ministerio aboga por diseñar estrategias de prevención adaptadas a los nuevos perfiles y determinantes sociales, blindando especialmente a los menores y a los colectivos más vulnerables.