Los cobardes nunca toman decisiones. Escurren el bulto cuando pueden y hacen caer sobre espaldas ajenas el trastorno de sus valores. A Poncio Pilato le presentaron a Jesús leguleyos e hipócritas para que, como gobernador, decidiera qué postura tomar sobre un hombre “que había pasado por la vida haciendo el bien”. Probablemente se “enteró por la prensa” que Jesús existía. Y para no enojar a Tiberio ni enfrentarse con el pueblo, se lavó las manos y permitió el atropello de la Cruz.
Pero los timoratos suelen tener un final acorde con su cruel indiferencia. Años más tarde, Pilato mandó arrasar al pueblo samaritano y fue convocado a Roma para dar explicaciones. Después de argumentar que él “se había enterado por la prensa” le enviaron exiliado a una isla desierta y allí se suicidó.
… Aquí ni ministros ni secretarios de estado saben nada de lo que pasó. Por la prensa se enteraron de “la rebeldía” de sus subordinados que ejecutaron aquello que ellos mismos le habían mandado hacer…
El peor castigo de Pilato fue que perdió la memoria hasta el punto de no reconocerse a sí mismo.