Las elecciones parciales celebradas el pasado 26 de mayo en el Ateneo de Madrid han dejado un resultado que pocos anticipaban hace apenas unas semanas.
La agrupación ateneísta 92 Liberales, que concurría por primera vez a unos comicios de la Docta Casa, se ha convertido en la segunda lista más votada, consolidándose como una nueva referencia dentro de la vida interna de una institución histórica que atraviesa uno de los periodos más convulsos de su historia reciente.
Los ateneístas estaban llamados a elegir a la mitad de la Junta de Gobierno, en unas elecciones que, aunque no afectaban a la presidencia de la entidad —ocupada actualmente por Luis Arroyo—, han servido para medir el estado de opinión de una masa social cada vez más crítica con la deriva de la institución.
Bajo el lema «Por un Ateneo independiente», la agrupación 92 Liberales nació con el propósito de reivindicar el espíritu fundacional del Ateneo Español, creado durante el Trienio Liberal por intelectuales comprometidos con la libertad de pensamiento, el pluralismo y la independencia de criterio.
Su inesperado éxito electoral confirma la existencia de una corriente significativa que reclama una profunda regeneración de la casa.
Integrada por profesionales procedentes de ámbitos académicos, empresariales y jurídicos, la candidatura ha defendido durante toda la campaña la despolitización de la institución, una mayor transparencia en la gestión, la modernización de las normas internas y la puesta en marcha de medidas destinadas a atraer nuevas generaciones de socios.
El avance de 92 Liberales se produce además en un contexto especialmente delicado para el Ateneo.
Durante los últimos años, la Docta Casa ha sido objeto de crecientes controversias y críticas por parte de numerosos socios, que acusan a su actual presidente, Luis Arroyo, de utilizar la institución como plataforma de apoyo y promoción mediática del Gobierno de Pedro Sánchez y del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.
Estas acusaciones han alimentado un intenso debate interno sobre la neutralidad política que históricamente ha caracterizado al Ateneo y sobre el papel que debe desempeñar una entidad cultural de esta relevancia en la vida pública española.
La campaña electoral ya había estado marcada por la polémica. En la jornada final de presentación de candidaturas en la que debían exponerse los programas electorales, la actual Junta de Gobierno consintió que coincidiera con un acto político de Facua titulado «Frenar a la extrema derecha», en el que participaron, entre otros, el ministro Óscar Puente, Pablo Iglesias y Sarah Santaolalla.
La celebración simultánea de ambos eventos provocó tensiones entre asistentes y requirió la intervención del personal de conserjería de la casa y finalmente de la Policía Local, un episodio que muchos socios consideraron incompatible con la tradición de pluralismo y debate sereno que históricamente ha definido a la institución.
Los resultados del 26 de mayo evidencian que una parte importante de los ateneístas demanda cambios profundos y una recuperación del carácter independiente que convirtió al Ateneo de Madrid en una de las principales referencias intelectuales de España durante más de dos siglos.
La irrupción de 92 Liberales, convertida ya en la segunda fuerza más respaldada por los socios, introduce un nuevo actor en la política interna de la entidad y abre una etapa de incertidumbre sobre el futuro equilibrio de poder dentro de la histórica institución madrileña.