El Teatro Real vivió una noche de emoción y ovaciones con el estreno de ‘Romeo y Julieta’, la célebre ópera de Charles-François Gounod inspirada en la tragedia de William Shakespeare. La producción regresó al escenario madrileño más de cien años después de su última representación, que tuvo lugar en 1911, saldando así una de las grandes cuentas pendientes del coliseo.
La acogida del público fue extraordinaria. Tras las más de tres horas de espectáculo, los asistentes dedicaron cerca de nueve minutos de aplausos y vítores al elenco artístico, especialmente a la soprano estadounidense Nadine Sierra y al tenor mexicano Javier Camarena, protagonistas absolutos de la velada en los papeles de Julieta y Romeo.
La puesta en escena dirigida por Thomas Jolly apostó por una visión intensa y emocional de la historia, centrada en la pasión de los amantes más que en el conflicto político entre familias. La gran escalinata giratoria, el juego de luces y el vestuario inspirado en el universo shakesperiano crearon una atmósfera marcada por la tragedia y la fatalidad.
Uno de los aspectos más destacados de la representación fue la fuerza emocional de los cuatro grandes dúos de amor que articulan la obra. La música de Gounod convirtió cada encuentro entre Romeo y Julieta en un momento de máxima intensidad, emocionando al público desde el primer acto hasta el desenlace final.
La dirección musical de Carlo Rizzi acompañó perfectamente la evolución sentimental de los personajes, desde la inocencia juvenil hasta el drama absoluto. Además, esta nueva versión introdujo pequeños cambios escénicos respecto al texto original de Shakespeare, permitiendo que Julieta despierte antes de la muerte de Romeo y prolongando así el último momento de despedida entre ambos.
El montaje también sirvió para cerrar el homenaje que el Teatro Real ha dedicado esta temporada a William Shakespeare, tras producciones inspiradas en obras como ‘Otello’ o ‘El sueño de una noche de verano’.
Con esta representación, el Teatro Real no solo recupera una ópera histórica, sino que demuestra que los grandes clásicos siguen emocionando al público actual gracias a una combinación de música, pasión y tragedia que continúa siendo universal.