De repente las gentes se cansan del alboroto diario y buscan leer la otra vida que debe contemplarse en los arrullos del tiempo, en las brisas de la tarde, en las caricias de los hijos, en la espuma musical de las aguas. A muchos les urge encontrar también en los periódicos palabras de seda que socorran el fuego de las injurias.
Al final nos hace daño todo lo que son “últimas noticias”, opiniones sobre la inesperada complejidad de los acontecimientos. Nos duelen, y sin embargo son necesarias, los criterios de los expertos en medo ambiente, en política internacional o en las infinitas pasiones de los seres humanos. A ratos la vida es una pasión inútil, como señaló Camus después de haber buscado más limpios elementos en el hombre.
La libertad del agua, el singular atrevimiento de los pájaros en celo, el fruto de mirar y no pensar en nada, la música callada de san Juan de la Cruz, las muchas palabras adormecidas que buscan su labio para decirse… Todo es, en estos momentos, mucho más necesario que beberse las pócimas de todas las maldades que aparecen en una sociedad que no tiene ojos para mirarse por dentro. Es una pena no saber distinguir lo indispensable de lo necesario.